miércoles, 11 de diciembre de 2013

GOLF/ ROZAN LAS ESTRELLAS



La tradición de caddie
nunca desaparece
Miguel Ángel Jiménez y su caddie Michael Kerr

Por Miguel Miró
El caddie, allá por los años cincuenta y principios de los sesenta iba descalzo, bastante desarrapado y no decía ni “mú”.
No se trataba de echarle la culpa a la pobreza –que la había– ni tampoco que no tuviera zapatos para ponerse. En absoluto. Su función consistía en adelantar la bola 10 o 20 metros.
No se sabía cómo, pero siempre la bola estaba situada por delante de su contrincante o en un sitio privilegiado en el fairway.
El caddie utilizaba  todo su ingenio, destreza… y picardía.
Poseía una habilidad endemoniada para coger la bola con los dedos de los pies y trasladarla a cualquier parte del campo.
Además, ¡qué caray!...
¿Quién iba a dudar de un niño?

José Mª Cañizares
PROLIFERARON COMO MOSCAS
Los caddies en España empezaron a una edad demasiada temprana. Proliferaron como moscas en los clubes. Llegaban de los alrededores a los clubes de golf. De los pueblos o barrios cercanos situados en los suburbios de la gran ciudad. Todos ellos de origen humilde. Se juntaban hermanos, primos, amigos y vecinos.
Aquellos niños a los que se les prohibía entrar y ni siquiera asomarse por la Casa Club –uso exclusivo de socios e invitados– como tampoco jugar en el course. Pero se las ingeniaban para saltarse las reglas. Al caer la tarde o por la noche practicaban en silencio.
Aprendieron muy pronto a “mamar” el deporte más difícil del mundo.
La picardía fue el denominador común entre los niños que trabajaban a destajo. Para ellos suponía tan sólo un juego. Su sitio estaba en una especie de cobertizo, en el que se encontraba el cuarto de palos.
“Algunos jugadores nos enseñaban a ser unos golfos”, recuerdan algunos profesionales.

GANAR “POR NARICES”
De ahí que aprendieran numerosos trucos.
A veces desaparecía el SW del adversario y aparecía al final de la partida. Se hacía cualquier argucia para desequilibrar y el aficionado explotaba como una cafetera.
Lo mismo ocurría con la bola. Desaparecía como por arte de magia. El caddie la pisaba, la enterraba para que el adversario tuviera que jugar otra vez desde el tee de salida.
Estaba claro:
“Si no te ganabas el jornal de una manera, te la ganabas de otra forma,” comenta un amigo.
Además, si no hacían lo que le pedían, perdían automáticamente el cliente. Y había mucha competencia. Mucha oferta y poco demanda. En aquellos tiempos los niños carecían de malicia, pensaban que estaban cometiendo una simple travesura. No obstante, comprendían que no había manera. La cuestión en cada match suponía ganar “por narices”.

Antonio Garrido

CAMPEONATOS DE CADDIES
Los tiempos cambiaron. Los clubes también. Hubo muchas entidades que se preocuparon los caddies, todo hay que decirlo. Le inculcaron  estudios y hasta contrataron a maestros de primaria. Además, comenzaron los campeonatos de caddies en los campos de golf.
Sin embargo, se siguieron manteniendo las reglas o las distancias con los socios e invitados. Prohibido entrar en la Casa Club.
Los niños crecen y como autodidactas que son se hacen a sí mismos.
El genio y el ingenio del español hacen el resto.
El caddie ya no fue el niño que ayudaba a ganar con artimañas.
Sus conocimientos en el difícil manejo de los hierros y las maderas les permitieron ir superando sucesivamente a los jugadores amateurs.
Contratar a un caddie, igualmente, no significaba hacer “trampillas” de niño, ni tampoco para llevar la bolsa de palos. Se convirtieron en asesores importantes. No sólo por el consejo en la elección del palo, sino por sus conocimientos del campo.
“Un campeón de boxeo que tiene un buen “rincón” en el ring side puede aspirar al trono europeo o mundial”
Y los preparadores son expertos boxeadores y proceden de los barrios bajos de las grandes ciudades.
“Un scratch (handicap O) amateur o un profesional de elite debe tener un caddie profesional para seguir aspirando a grandes títulos”
La mayoría de los caddies profesionales también juegan al golf y, en muchos casos, son los que miden al dedillo las dimensiones del campo y aconsejan los 14 palos de la bolsa.

Miguel A Jiménez en el British Open

SUPERAN LOS 5.000 CADDIES
Aquellos niños-caddies superaron los 5.000 en los clubes de golf en España. Después se pasaron al profesionalismo y demostraron sus enormes cualidades en el Tour del Norte. Desde Galicia hasta Vizcaya y  traspasaron la frontera para jugar en Francia.
Sin embargo, no todos obtuvieron el apoyo de los clubes  –siempre herméticos “bunkers”– ni tampoco de ocasionales “mecenas” del deporte que apostaran por ellos. Muchos, muchísimos abandonaron el golf para dedicarse a otra profesión u oficio. La ilusión y el sacrificio se acababan en el momento de formar una familia y pensar en el futuro.
Sólo quedó un ramillete de aquellos caddies. Apenas el 20% y de ellos el 5% como jugadores activos. Todos ellos le han dado lustre al nombre de España por el mundo entero.
La lista es grande, pero como muestra basta un botón:
Gabriel González, Marcelino Morcillo, Mariano Prudencio, los hermanos Ángel y Sebastián Miguel, Ramón Sota, Jaime Benito, Nicasio Sagardía, Tomás López, José Gallardo, Manuel Cabrera, los hermanos Germán y Antonio Garrido, José María Cañizares, Manuel Piñero, José Rivero, Valentín Barrios, José Dávila, Francisco Abreu, José Rodríguez, Victoriano García, Jaime Roqueñi, Andrés Jiménez, José A Cabo, Manuel Calero, Manuel Montes, José Luis Mangas, Mariano Aparicio, los hermanos Francisco y Ramón Rozadilla, Emilio Perera, Manuel Ballesteros, Juan Hernández, Pedro Contreras, Jesús Simarro Juan Anglada, Enrique Rodríguez, Juan Quirós, Miguel A Martín, José M Carriles, Santiago Luna, Carlos Rodiles, Miguel Ángel Jiménez, Severiano Ballesteros…etcétera
Todos ellos y muchos más que llegaron a profesionales autodidactas procedente de los caddies.
El 15% restante se dedicó a la enseñanza y son  la mayor riqueza del golf español. Su amor por el golf hizo que trasmitieran sus experiencias y talento para que siguiera la senda de triunfos en el terreno amateur. Son los culpables –aunque muchos lo nieguen– que se mantuviera y se mantenga la llama del golf en España.
Culpables, sí, por la catarata de campeones y de que sigan saliendo buenos y grandes jugadores en nuestro país.

Seve Ballesteros y la jarra de vino del British Open ´1979

UNA TRADICIÓN CENTENARIA
La llegada de los buggies eléctricos o de gasoil y las “bolsas que viajan solas, con un simple control remoto” hicieron que disminuyera el número de caddies en los clubes.
Dicen –y dicen mal– que los caddies desaparecieron en España. Una cuestión de moda. Una moda en tiempos de vacas gordas. Los buggies no están muy solicitados actualmente en tiempo de crisis. Los caddies nunca desaparecieron.
¿Por qué?
Muy sencillo: siguen siendo una tradición en el golf.
Y en el golf sigue vigente su espíritu deportivo, su primera regla de etiqueta y sus tradiciones se han mantenido desde el S. XV.
Es verdad que disminuyeron en España, pero no en otros países del mundo. Es verdad también que ya no se llenan los clubes de niños como moscas. No obstante, muchas sociedades deportivas de prestigio, con sus espectaculares courses en nuestro país continuaron con dicha tradición. Igualmente, no cuentan en sus instalaciones a cientos de chavales, pero sí decenas de caddies.
La mayoría de los caddies pasaron a ser Caddie-Master y los nuevos  caddies son jugadores semi-profesionales que sueñan y aspiran jugar en los grandes circuitos internacionales.
No debemos olvidar que en España existen 412 campos y de ellos 43 son campos públicos. Muchos de ellos tienen profesores. Y la mayoría de los que enseñan a jugar al golf son ex profesionales y por ende ex caddies o hijos o sobrinos de ex caddies.
Ellos son, en cierta forma, una familia. Una fábrica de hacer campeones.
Por lo tanto, la cadena sigue… no han desaparecido.
Además, con la crisis, los buggies resultan “caros” para los jugadores de golf. Aunque el boom se mantiene en los carritos eléctricos, los amateurs que compiten en alta competición –aunque lleven las bolsas al hombro, por las normas– siempre tienen a un asesor o profesor que procede de la “gran familia” de los caddies de antaño.

Alejandro Cañizares, hijo de José Mª Cañizares.

LA CADENA CONTINÚA
Tampoco es una verdad absoluta decir –como apuntan algunos–  que los nuevos valores o campeones surgen del campo amateur.
Los apellidos de algunos profesionales de las últimas décadas delatan su procedencia:
Sergio García Fernández (hijo de Victoriano García, Club de Campo Mediterráneo); Alejandro Cañizares (hijo de José María Cañizares, Puerta de Hierro); Gabriel Cañizares (hijo de José María Cañizares, Puerta de Hierro); Ignacio Garrido (hijo de Antonio Garrido, Somosaguas); Jesús María Urrutia (hijo del profesional y maestro Jesús Arruti)
La historia se mantiene “viva”.
Desde la época de los caddies-pioneros del Polo Golf Club de Madrid (hoy, Puerta de Hierro) se mantiene la tradición.
Emilio Gayarda, “el hojalata”
Mariano Prudencio, “el chato”
Gabriel González, “el caraguardia”
Ángel de la Torre, “el angelillo”
Joaquín Bernardino, “el Dino”***
Un clan de ex caddies que se habían pasado al profesionalismo. Ellos fueron los que guiaron a seis o más generaciones. Para que, años más tarde, salieran los auténticos campeones que dieron éxito y gloria al golf español.
Unas figuras que siguen perennes en el recuerdo de los actuales profesionales hispanos que mantuvieron y mantienen a pesar de los años, sus rasgos y también sus pintorescos “motes”… como un vínculo familiar indisoluble. Las enseñanzas fueron traspasándose de padres a hijos, nietos… sobrinos y primos.
*** (Precisamente, Joaquín Bernardino uno de los pioneros ha sido quien diseñó y construyó el campo de golf de Manises (Valencia) a mediados de los años cincuenta. Una sección deportiva del Aeroclub en los terrenos de la Base Aérea de Manises. Se constituyó como club en 1960).
Sitges, un lugar especial: Nadie se siente extranjero

ESCUELA DE CADDIES
Este mismo año 2013 nació en Sitges, un lugar incomparable y a sólo 40 kilómetros de Barcelona, la Escuela de Caddies en el Club de Golf Terramar. Una idea que se pone “al día” en una profesión digna y tradicional en el deporte del golf. Así lo decimos y así lo creemos.
Los caddies –por más que se insista– nunca han desparecido en España. Tampoco los autodidactas en el difícil juego del golf.
La pretensión del CG Terramar tiene dos vertientes pero el fin supone la profesionalidad de los caddies. Una vertiente para nutrir a los clubes que les soliciten (todos sabemos que la afluencia de turistas en nuestro país así lo demanda) y también para integrar los caddies en el campo profesional que dominan desde hace muchos años los británicos.
Aunque no se trate de una competencia en sí, ya era hora que los profesionales  españoles tengan igualmente, caddies españoles. De la misma forma que otros jugadores profesionales de distintos países, confíen en la capacidad y profesionalidad de los caddies españoles. De eso se trata.
Según nuestras noticias, la escuela de formación parte desde juveniles, instruidos y dirigidos con caddies de mucha experiencia en el European PGA Tour, una labor encargada a José María Sans. Se habla de los juniors, pero también pueden tener cabida los alevines y cadetes.
El principal responsable de la Escuela es, precisamente, el director deportivo del CG Terramar de Sitges, Tomás González. En el nuevo curso no sólo estará la misión del caddie en el campo de golf, sino también el conocimiento de las reglas y las señales en el campo. Fundamental en un campeonato del circuito profesional.

La tradicional alfonbra de flores que termina en la Plaza de España de Sitges

lunes, 9 de diciembre de 2013

FALSA Y VERDADERA “BICICLETA”



Robinho lo “demostró”
 en Copa de Europa

Por Miguel Miró
El brasileño Robinho dejó bien claro cómo se hace la verdadera “bicicleta” en el fútbol. Una “virguería” que surgió en el fútbol de salón en el Río de la Plata. Hace más de setenta años… como mínimo.
Precisamente cuando los profesionales de fútbol en Uruguay empezaron a entrenarse en Pabellones cerrados con la finalidad de adquirir una técnica más depurada. Para conseguir un control preciso del balón y poder desenvolverse en espacios cortos.
Uruguay inventó el fútbol de salón, pero totalmente distinto al que se practica hoy, ya regulado, aunque perdió sinceramente todo su encanto. No había líneas divisorias, ni tampoco detrás de las porterías. Parecido al rugby, pero todo era “campo”, para evitar interrupciones. Al mismo tiempo servía para sudar la gota gorda, además de divertirse.
En el rectángulo de basket-ball, tapiado por las paredes de las gradas. Además, con el balón de fútbol (más grande y mucho más pesado de los actuales) y las porterías pequeñas “pintadas” en la pared. Nada que ver con las actuales, que sirven más para el Baby-Fútbol.
(Fuera, en el vallado del campo de fútbol, igualmente estaban pintados los tres palos –con dimensiones reglamentarias– en la pared para practicar con cada una de las dos piernas. Se trataba de eliminar los complejos a los zurdos cerrados y a los diestros cerrados a insistir en el perfil y disparo. En una palabra, se intentaba que los jugadores fueran la mayoría ambidextros)

INGENIO DE LOS JUGADORES
De aquéllos entrenamientos nació la “pared” –suponía hacer el pase a la pared para seguir controlando el esférico– o si lo prefieren un autopase. El ingenio de los jugadores fueron los que  inventaron el resto:
La cortina, el caño, el buscapiés, la sotana, el frentazo, la picada, la cuchara, la bicicleta, la mediavuelta (tiro a espaldas a los tres palos), la chilena (apoyando los brazos en el suelo), el firulete, la rabona, el chanfle (efecto), el taquito, el tuya-mía, la dejada (vaselina), etcétera, etcétera.
Además, se valoraba mucho el pase “cortito y al pie”, el golpe seco al balón calibrando la distancia, el tiro a espaldas a los tres palos (el giro) y lo más importante: la forma de “aguantar” el balón en el área, con amagos (mostrando y escondiendo el esférico), pases cortos y balón a ras del parquet.
El ingenio de los futbolistas era mayúsculo. Lo ensayaban en el pabellón y después en el terreno de juego con los clásicos zapatos negros que pesaban un quintal.
Nos dejamos la “jopeada” para el final (el tupé de los cuarenta), algo que en muchos países llaman “el sombrero”. La razón es bien sencilla. Había un jugador bajito que hacía maravillas con la pelota.
Se llamaba Héctor Rodríguez y todos les llamaban “Ciengramos”.
En uno de los clásicos (Nacional-Peñarol, en el estadio Centenario) había mareado varias veces a su marcador brasileño (Salvador, 1m80) y le hizo una “jopeada”. La reacción fue instantánea. Una dura patada que significó la expulsión del “half” aurinegro. Algo que supuso un insulto.
Ponemos ese ejemplo, porque cada vez que vemos a Andrés Iniesta, bien en Barcelona o en la selección nacional, nos recuerda a “Ciengramos”. En una baldosa hace también maravillas, esconde el balón con maestría y sale siempre por la puerta grande cuando el marcaje es múltiple. Asimismo, tiene una visión del juego en cuatro o más dimensiones.


LA BICICLETA NO SON DOS AMAGOS
Los dos amagos, quieto o en movimiento, son parte del regate o dribling, algo muy viejo en los extremos para salir por dentro o por fuera y explotar su velocidad. No es ninguna magia ni algo por el estilo.
El dribling, en cierta forma, es un engaño. Pero también se debe tener en cuenta la postura del rival que sufre el engaño. Y por lo general los defensas suelen ser altos y hay laterales que se ponen de frente, que facilita el desborde en lugar de perfil… para tener más opciones en el marcaje.  
Explosión en la salida tenían muchos “wings” (extremo, ala, o jugador de banda y poco campo de acción) y “insiders” en la historia del fútbol. Hasta que Hebert Chapman cambió la forma clásica de correr por la banda para tirar el centro a la olla a la cabeza del ariete (siempre alto, corpulento y duro). Optó en el Arsenal (años treinta) por la salida en diagonal del wing para que marcara goles y tuviera varias funciones en el sistema ofensivo del equipo.
Las diabluras de Raymond Kopa, por ejemplo, de estatura media, tenía un largo repertorio de regates. Todo un espectáculo para un delantero centro (Stade de Reims) convertido en extremo en Real Madrid de la “belle èpoque” de los años cincuenta. No sabemos si siguen archivadas las películas (BBC) que vimos en nuestra juventud. El polaco nacionalizado francés fue una estrella rutilante por su técnica en el dribling.
El brasileño Garrincha, el yugoslavo Sekularak (volante ofensivo) y muchos jugadores más que nos han sorprendido por sus bailes de cintura y firuletes. Pero en las décadas más recientes había dos extremos de explosión continua: Pablo Futre y Amancio Amaro. Distintos, pero sus salidas siempre fueron escandalosas. El portugués rojiblanco, a veces, se olvidaba las marchas en su sprint… pero siempre ha sido espectacular su fútbol. Un jugador más completo en la banda. También los comienzos de Amancio con su salida en velocidad. Aunque cuando se le acabó la explosión cambió de posición en el campo… pero no jugó de lateral.


LA BICICLETA VERDADERA
Nace como una filigrana en espacios cortos. Por supuesto, en un pabellón con zapatillas de goma. Lo primero que se debe tener en cuenta son dos cuestiones muy importantes. La acción se hace en el aire y por lo tanto debe ser rápida, tan rápida como la luz.  
Se da un salto con el balón en los pies, con una rodilla más doblada que la otra. Se le golpea con el tacón. El esférico hace una media circunferencia hacia delante, por encima de la cabeza.
Según el golpeo del tacón derecho o izquierdo sale una circunferencia abierta o cerrada. Probar siempre, si se quiere, la distancia del adversario, para realizar dos sombreros. Uno, a tí mismo y el otro al rival.
Se necesita mucha práctica.
No obstante, si se tiene una buena técnica, dominio absoluto con la pelota, siempre se consigue. Lo importante es la coordinación. La acción tiene la velocidad de un relámpago. Una vez dado el taconazo hay que poner la pierna de apoyo (por lo general, la derecha) para mantener el equilibrio y continuar la jugada.
La bicicleta no es magia, aunque lo parece. Se necesita técnica y habilidad con el balón. Rara vez se ejecuta en un match de fútbol, pero está claro que muchos jugadores rioplatenses la conocen. La rapidez como se juega hoy en día al fútbol la jugada en cuestión se le considera una “exquisitez” más. Un ingrediente de los buenos jugadores de fútbol.
Los entrenadores le llaman “arabescos” cualquier ingenio del futbolista, pero siempre que la jugada no termine en las botas del contrario. En caso contrario, se considera un lujo innecesario. Ahora bien, si termina en gol ya es otra cuestión. Los medios de comunicación se ocuparán de aclamarla, aumentarla y difundirla.
De todo el ingenio de los jugadores de fútbol, lo más común es el “caño”, lo que en España y otros países llaman “túnel”. (Pasar el balón entre las piernas del rival). Las demás quedan en el baúl de los recuerdos o como repertorio de los malabaristas de circo.    
La bicicleta de Robinho llamó la atención en el match de Copa de Europa disputado en el estadio Giuseppe Measa. El Milán-Barcelona que acabó en empate a un gol. Tuvo su repercusión, en efecto, porque marcó el cuadro “rosonegro” en los primeros minutos. Pero no crean que haya sido una noticia de impacto ni muy prolongada en los medios españoles. 
Tal vez porque quedaron en fuera de juego. 
O no tuvieron el valor de reconocerlo -rectificar es de sabios, dicen- y por lo tanto seguirán "engañando" a los españores con la falsa bicicleta, que no deja de ser dos movimientos que forman parte del dribling o regate.
La bicicleta verdadera sigue vigente.
Aunque hayan pasado más de 70 años.
Cualquiera que haya visto en televisión el partido Milán-Barcelona lo comprobó nítidamente a través de filigrana de Robinho que dejó pasmado a Alexis Sánchez. 


  

jueves, 5 de diciembre de 2013

ESPIRITU DE BIELSA “SIGUE” EN BILBAO



De caperucita roja
a “Loco” feroz


Por Miguel Miró
Puede decir lo que quiera el presidente José Urrutia y el propio Ernesto Valverde. La cosecha durante dos temporadas aflora el día de Acción de Gracias. O el día de "Hallowin", como ustedes prefieran.
Una fiesta que llevaron los irlandeses a los Estados Unidos. La recogida de la cosecha aflora después dar tantas vueltas y tantos cambios en San Mamés.
Valverde se rompió los sesos cuatro meses para buscarle un sistema al cuadro bilbaíno. Con más refuerzos (6) de los que recibiría la campaña pasada el anterior entrenador (1 Aduriz).
Tantas y tantas vueltas y cambios para volver al mismo esquema del “Piantao” Bielsa, con la música del maestro Discépolo.
Puede, también, que Urrutia y Amorrortu estén renegando “lo evidente”.
Tan evidente que al equipo le faltaban sólo tres jugadores. Un lateral izquierdo con doble función. Un jugador de la calidad de Javier Martínez y un delantero como Fernando Llorente. Las dos estrellas que el club tiró a los leones de la afición… sabiendo que suponía un plato exquisito para algunos desinformadores.
Pues bien, de la media docena de fichajes, uno encaja: Miguel Rico, que puede ser zaguero, medio y goleador. Balenciaga es flojito para cumplir su cometido… Y se equivocaron en la elección de un delantero estilo Fernando Llorente.
Cualquiera con una pizca de inteligencia hubiese elegido a Aguirreche, ese vizcaíno formado en Lezama que viste la antigua camiseta del Athletic (azul y blanca) en la zona –“noble” pa´fastidiar– llamada San Sebastián.
El cuadro bilbaíno se desmelenó ante Barcelona. Un match de ida y vuelta (segundo tiempo) y ya se presentía un enfrentamiento de Copa. El que “marcaba un gol se llevaba la victoria”. Así fue. Un golito del ratón colorado o Bart Simpson, como le llaman algunos a Muniaín.

 ¿CUESTA MUCHO DECIR: GANA ATHLETIC?
Parece que sí, cuesta bastante decir que el equipo vasco ganó en buena lid. Aunque los dos equipos hicieron méritos para conseguir el triunfo.
Entonces, ¿por qué la mayoría de los medios se llenan la boca diciendo que “perdió Barcelona”?
Les guste a unos y les disguste a otros, sobre gustos no hay nada escrito, pero seguro que estaba el ideario de Marcelo Bielsa en el nuevo campo de San Mamés. Hasta nos imaginamos: se le vio hasta la campanilla. Voceó el gol desgarrador de Muniaín como los antiguos “canillitas” que vendían los periódicos en las calles de Buenos Aires.
El dibujo, idéntico; el juego idéntico… y corrieron como nunca.
Los jugadores consiguieron sacarse la espina de aquéllas dos finales. La Copa UEFA de la Liga y la Copa de España. Se venció a Barcelona y es posible que le tengan “mucha ganas” a Atlético de Madrid a finales de marzo del nuevo año.
La identidad de Marcelo Bielsa se mantiene en Athletic de Bilbao. Sus reflexiones, también. Las “calles”, la anticipación, la recuperación, la intensidad… hasta las ocasiones fallidas. Aunque faltaron más jugadas elaboradas y prevaleció más el músculo que la técnica en el campo.
Sin embargo, el doble esfuerzo de Muniaín tuvo su importancia. Ese loco bajito que suele entusiasmar porque dibuja sus jugadas con la testa. Bloquear la subida de Montoya, ya que Balenciaga tenía problemas en su zona y al unísono volver como una flecha por la calle izquierda.

BARCELONA Y  ERROR ÁRBITRO
Barcelona tuvo una media hora espléndida en el primer tiempo y controlaba el partido tras el descanso, inventando espacios cuando no los tenía. Incluso llegando con jugadas al primer toque al área de Iraizoz. Le faltó la puntada final, porque también disfrutó de ocasiones. El ritmo del match, además, obligaba a correr. No dormirse.
Hasta que el árbitro, debutante en Primera División, cometió un error de libro. Primero, porque Iturraspe era el último hombre y segundo, porque la jugada de Neymar fue manifiesta de gol.
Aún así los jugadores azulgranas se equivocaron también, aunque se tratara de una injusticia. Protestar al árbitro –una vez tomada la decisión amarilla en lugar de roja– ha sido perder el tiempo. La rabieta instantánea fue negativa. Cambiaran el chip en la lucha. No mantuvieron la calma y adelantaron demasiado las líneas en busca del empate. Dejaron demasiados espacios a sus espaldas.
Favoreció naturalmente a su rival: un contraataque que acabó en gol.
Después Martino se cegó y cambió a Xavi Hernández e Iniesta. No basta poner más delanteros, se necesita siempre una elaboración previa para que el balón llegue al área. En caso contrario el gol no llega nunca.
Martino eliminó a los “elaboradores de juego”
Los problemas estaban en las bandas. No se puede poner a Alexis pegado a la línea, cuando se caracterizó desde su llegada al equipo por su gran rendimiento en “recuperar” balones. Montoya dejó demasiados “agujeros” en la defensa. Había que sellar los “pasillos” o calles laterales.
El problema de Barcelona no es su juego ni tampoco las ausencias. No. Son las dichosas “rotaciones” que marean al plantel.
¿De qué valen las rotaciones si en la primavera el equipo está eliminado de las tres competiciones?
El error de las rotaciones está confeccionada por el preparador físico y aprobadas por el entrenador. Primero toca ganar y clasificarse. Si se quieren hacer rotaciones, las mínimas y muy bien meditadas (cuando el match está decidido) para no perjudicar el juego del equipo.

LA IDENTIDAD NO SE PIERDE
Ernesto Valverde, durante su temporada en Valencia, mantuvo el sistema de juego de su anterior entrenador. Y se dio tiempo para ir ajustando sus ideas de acuerdo con las características de los jugadores del plantel. Hizo un trabajo de hormiga, pero convenientemente en cada uno de los encuentros de la temporada.
Tuvo algunos problemas –normal– pero el cuadro valenciano consiguió el equilibrio. Equilibrio entre todas sus líneas. Hasta el punto encontró la excelencia del juego. En el campeonato de Liga y en Europa. Un desliz – más despiste que desliz – no le permitió continuar en la Copa de Europa. Precisamente en Mestalla, su propio campo, ante Paris Saint Germain.
Sin embargo, en París presentaron batalla e hicieron mérito para ganar y clasificarse.
¿Por qué decimos esto?
Porque Valverde intentó encajar a los cinco fichajes que hizo el club (Amorrortu y Urrutia) y el regreso de Balenciaga que estaba cedido al Valladolid. Esta nueva tarea no sólo confundió a los jugadores sino también enredó el anterior sistema de juego.
El entrenador se empeñó en ir encajando las piezas nuevas y también dio una vuelta de tuerca para eliminar el trabajo de su antecesor.
Los problemas se multiplicaron y para ganar los partidos en Liga siempre recurrió al antiguo fútbol inglés. Quitar las figuras, optar por el músculo y abusar del “centro a la olla”.
Un fútbol ramplón, aunque efectivo, para remontar partidos.
Las victorias, en el Nuevo San Mamés y los problemas volvían a presentarse en los encuentros a domicilio. Algo que provocó la crítica de los periodistas y aficionados por inicio de temporada irregular. Lógico, si tenemos en cuenta los cuatro meses perdidos. 
 

RECUPERA EL ESQUEMA DE BIELSA
En el match ante el líder de la Liga (Barcelona), el técnico optó por mantener la tensión de músculo y recuperó la fórmula de Marcelo Bielsa, con solamente cuatro variantes: Balenciaga en la banda izquierda de la línea defensiva, la presencia de Miguel Rico e Iturraspe más adelantado (haciendo el trabajo que hacía De Marcos).
Un sistema de bloque en el que todos defienden y todos atacan, con un orden preciso y coordenado.
Por fuera, abriendo el campo, (dos calles) con dos jugadores que se complementan continuamente. Iraola-Susaeta, por el pasillo derecho y Balenciaga-Muniaín, en el izquierdo.
En el centro (por dentro) dos zagueros, Gurpegui y Laporte; dos volantes (ambos creativos y con doble función) Miguel Rico y Herrera. Adelante, dos delanteros uno falso  (Iturraspe) y Toquero.
El esquema (1-4-4-1-1) aparentemente defensivo, se mueve como un acordeón en la parte ofensiva con sus distintos planes de juego (1-4-2-4).
Rico e Iturraspe que trocaron sus posiciones, tienen a la vez posibilidades de permutar y asociarse. Aunque Herrera y Miguel Rico son los que  elaboran el juego del equipo, pero ambos suelen descolgarse por sorpresa desde atrás, con la consigna de que Iturraspe se retrase.
Igualmente, en los planes de juego entra la presión. Ante Barcelona, se buscó la presión arriba y en la zona central. Para evitar la salida cómoda del adversario y obstaculizar la elaboración. Al mismo tiempo poder recuperar pronto el esférico.
La llave de la victoria del equipo bilbaíno estuvo en las dos calles (los pasillos). Por un lado, abrieron el terreno de juego y por otro, fueron letales en la parte ofensiva del local.
La labor de Iraola-Susaeta, que descolocaba a Busquets para cubrir a Adriano y en calle izquierda, Balenciaga-Muniaín, que se aprovechaban del “agujero” que dejaba Montoya en tareas defensivas. El azulgrana fue un auténtico coladero, ya que subía y le costaba recuperar su posición en la línea de zagueros.

OTROS DETALLES IMPORTANTES
Valverde encontró, además, en Toquero lo que intentaba que hiciera Oscar De Marcos en partidos anteriores. Un delantero corre-caminos, presionando arriba la salida de Barcelona. Toquero, además, ha sido un peligro también en el área, al superar varias veces a los defensas azulgranas por el aire (cabecear)
El otro detalle importante fue el repliegue, algo que solía fallar en la temporada pasada. En este ocasión se cumplió lo de las líneas juntas  (que no descompuestas) a la hora de perder el balón.
Por último, el fútbol no es únicamente correr. Los bilbaínos se vaciaron en el campo, es verdad, pero faltaron más jugadas elaboradas y en algunos de los jugadores un poco más de imaginación.
La olvidada inspiración personal, que marcan y dan lustre a jugadores como Laporte, Herrera, Miguel Rico, Muniaín y al propio Susaeta… En cambio se pudo comprobar la evolución de Iturraspe, fuera de su posición (jugador-escoba arropado por los zagueros) con un ritmo endiablado y polifuncional.