domingo, 6 de septiembre de 2015

Golf/ Caddies con títulos de “maestros”



¿Quién duda de un niño?


Por Miguel Miró
El caddie, allá por la década de los cincuenta, iba descalzo, bastante desarrapado y siempre permanecía mudo. No se trataba de echarle la culpa a la pobreza, que la había, ni tampoco que no tuviera zapatos. No; su función consistía en adelantar la bola 10 o 20 metros.
No se sabía cómo, pero la pelota siempre estaba situada por delante de su contrincante o en un sitio privilegiado del fairway.
El caddie utilizaba todo su ingenio y picardía.
Poseía una habilidad endemoniada para coger la bola con los dedos de los pies y trasladarla a cualquier parte del campo.
No se trata de una broma, fue real como la vida misma.
Además, ¿quién iba a dudar de un niño?
Los caddies pequeños empezaron a una edad muy temprana en España. Proliferaron como “moscas” en los clubes. Llegaban de los alrededores de los campos de golf. De los pueblos o barrios cercanos situados en los suburbios de una gran ciudad. Todos ellos de origen humilde.
Se juntaban hermanos, primos, amigos y vecinos.
Aquellos niños a los que se les prohibía entrar y ni siquiera asomarse a la Casa-Club (uso exclusivo de socios e invitados) como tampoco jugar en el campo. Sin embargo, ellos mismos se la ingeniaban para infringir las reglas. Al caer la tarde o por la noche, practicaban en silencio. Imitaban todo lo aprendido durante la jornada de trabajo.
Ellos aprendieron muy pronto a “mamar” el deporte más exigente y difícil del mundo.

TRABAJAN A DESTAJO
La picardía  suponía el denominador común entre los niños que trabajaban a destajo. Para ellos se trataba de un juego. Su sitio: un cobertizo, próximo a la cancha de prácticas y donde existe el llamado Cuarto de Palos.
“Algunos jugadores nos enseñaban a ser golfos”, recuerdan algunos profesores y “maestros” que se dedican a la “fábrica de campeones”. Los españoles, por lo general, siempre destacan en los deportes individuales.
De ahí procedían los distintos trucos.
A veces desaparecía el sandwedge y aparecía al final de la partida. Se hacía cualquier argucia para desequilibrar y el aficionado explotaba como una cafetera.
Lo mismo ocurría con la bola. Muchas veces, el caddie la pisaba, la enterraba para que tuviera que volver al tee de salida, con dos golpes de penalización.
“Si no te ganabas el jornal de una manera, te lo ganabas de otra”, puntualiza otro amigo.

MUCHA COMPETENCIA
Además, si no hacían lo que les pedían, perdían automáticamente el cliente. Y en aquellos tiempos había mucha competencia. Mucha oferta pero poca demanda. En aquellos tiempos los niños carecían de malicia. Pensaban que estaban cometiendo una travesura o una broma. No obstante comprendían que el jugador amateur que les contrataba tenía que “ganar por narices”.
Las apuestas, aunque están prohibidas, se hacían entre caballeros de gran abolengo.
Los tiempos fueron cambiando con los años. A pesar de seguir la prohibición de entrar en la Casa Club y no poder entrenar en el campo, los caddies –además de la comida diaria– fueron teniendo formación escolar en el cobertizo, mediante profesores contratados. Los clubes se preocuparon más por los niños y jóvenes que trabajaban en el campo de golf.
Después, una vez al año se disputaba un torneo de caddies.
Aunque se continuara manteniendo la distancia con socios e invitados.
Los niños crecen y se hacen a sí mismo. Son autodidactas del golf. 
El genio y el ingenio del española hacen el resto.

YA NO ES UN NIÑO
El caddie deja de ser un niño que ayuda a ganar. Sus conocimientos del course y el difícil manejo de los hierros y las maderas, le permiten ascender de escalafón. Además de sorprender y superar a los jugadores amateurs (socios e invitados).
Contratar un caddie, desde ese momento, ya no es precisamente llevar al hombro la bolsa de palos. Se convierte en un “asesor” del jugador. Sus consejos son escuchados atentamente y muchas veces hasta preguntan qué palo jugar en cualquier situación complicada.
Algo normal y natural.
¿Quién conoce mejor el campo que el caddie?
“Un campeón de boxeo que tiene un buen rincón (manager) en el ring-side puede aspirar al trono europeo o mundial”
Lo mismo pasa con un scratch amateur o un profesional de elite: “Debe tener a su diestra, sin ninguna duda, a un buen caddie para seguir aspirando a ganar más torneos y algún “major” del Grand Slam”.
Es ley de vida, por la experiencia vivida desde niño.
Surgen, entonces las estrellas –las águilas del deporte– por partida doble o triple. Hermanos, primos, sobrinos… con sus apodos.
Aunque todo de un mismo tronco: Polo Golf Club de Madrid.
Emilio Gayarga, “el Hojalata”
Mariano Prudencio, “el Chato”
Ángel de la Torre, “el Angelillo”
Gabriel González, “el Caraguardia”
Joaquín Bernardino, “el Dino”
Un clan de ex caddies que se habían pasado al profesionalismo. El grupo que hicieron una labor sorda, paciente, eficaz y grandiosa. Ellos servirían de guías durante varias generaciones de jugadores que empezaron a “romper” en el plano nacional e internacional su gran clase. Auténticos campeones que marcaron en oro la gloria y fama del golf español.

IMPROVISADO DISEÑADOR
Joaquín Bernardino Llorente, “el Dino”, nacido en Madrid, fue realmente el diseñador del campo de golf del Aero Club Manises en la década de los cincuenta. Nunca quiso figurar pero varias personas, aficionados a la aviación y pioneras de la sección de golf de la Base Aérea –entre ellas José M Gómez Trénor– nos lo han confirmado:
“Joaquín Bernardino fue el autor, único y verdadero del primer campo que se construyó en Valencia”.
Javier Arana y Gonzalo Lavín, su ayudante, que estaban trabajando en la “obra maestra” de El Saler, fueron invitados a comer en el restaurante de la Casa Club de Manises. En la sobremesa, se le preguntó a Arana sobre los bunkers y el maestro del diseño, licenciado en Filosofía y Letras, hizo unos dibujos en una servilleta de papel. Esta ha sido la única aportación que dio para el campo de Manises.
Lo demás fue un bulo que, como suele suceder, se convierte en una verdad natural al repetirse muchas veces.
Ponemos énfasis en este apartado, porque los caddies autodidactas que se volvieron profesores y maestros, también diseñaron campos de golf.

ESPAÑA SE LLENA DE CADDIES
Los caddies españoles se convirtieron en profesionales de un nivel alto e impresionante. Pero, ¿cuál era el número? Llegaron a superar  los 5.000 y se demostraba todos los años en los campeonatos que se jugaban en los clubs, en el certamen anual oficial que se incluía en el calendario de la Real Federación Española de Golf, y la añorada gira del Norte que unía a nuestro país con Francia. (Desde Galicia al País Vasco francés).
Sin embargo, no todos tienen el apoyo de los clubes o de los ocasionales “mecenas” que siempre existen y han existido en el deporte de los pastores escoceses.
Muchos, muchísimo de ellos han abandonado el golf para dedicarse a otra profesión u oficio. El sacrificio y la ilusión se acaba en el momento de formar una familia y pensar en el futuro.
Sólo quedan un 20% de aquellos caddies. Un 5% continuaron como jugadores en activo y demostraron con creces sus indudables cualidades. Y dieron lustre al nombre de España por el mundo entero.
El 15% de ellos se dedicaron a la enseñanza y son la mayor riqueza del golf español. Su amor por el deporte hizo que transmitieran sus experiencias y talento para que se siguiera la senda de triunfo en el terreno amateur.
Ellos son los verdaderos culpables de que sigan saliendo buenos y grandes jugadores de golf en nuestro país.


LAS TRADICIONES NO MUEREN NUNCA
Dicen –y dicen mal– que los caddies desaparecieron. Por los carros eléctricos, las bolsas que andan solas y los mil artilugios que se han creado han terminado por sustituirles.
En un nuevo campo se necesita, muchas veces, un asesor que lo conozca al dedillo.
Por eso, cualquier jugador se planta junto al caddie-master y dice:
¬Necesito un caddie.
Las tradiciones, y el golf tiene una gran tradición, no desaparecen nunca. Ni desaparecerán, a pesar de los detractores. El caddie es una parte importante de la tradición de éste deporte. Como la regla Nº 1 que es todo un ejemplo de la ética y el fair play.
Muchos de los clubes de nuestra geografía siguen contando con los caddies-asesores para el turismo extranjero.
¿Cuáles son esos clubes?
Entre ellos: RCG El Prat, La Manga, Valderrama, Costa Dorada, Sotogrande, San Cugat, San Sebastián, Río Real, Islantilla, Aloha, La Quinta, Las Brisas, Los Naranjos, Osona Montaña, Pedreña, RCG Puerta de Hierro, etcétera.


1 comentarios:

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