martes, 17 de julio de 2012

RORY, ¿UN RELÁMPAGO FUGAZ?


A propósito “Rock&McIlroll” y …María del Carmen Navarro

La música, dicen algunos especialistas, conecta con la historia. Entonces por regla de tres se puede mezclar el Country Western con el Rock n´ Roll, si se nos permite. Jimmy Rodgers y Johnny Cash con Elvis Presley y Jerry Lee Lewis. Solamente hacemos una sugerencia. Quienes conocen un poco la historia de la música ligera, todo es posible. ¿O no?
Puede que cualquiera, sin venir a cuento, saltara como un resorte y resoplara un rotundo ¡NOOoo! Y quizá, por educación, omitiera que estábamos realmente chiflados.
--En primer lugar, no son del mismo género, dijo levantando la voz.
Y los vocalistas tampoco...
--Tampoco, son distintas generaciones y distintos estilos.
Lo de las generaciones está bien, lo aceptamos. Sin embargo, estimado amigo, tenemos entendido que Elvis Presley y Jerry Lee Lewis saltaron a la fama cantando baladas Country en la década de los cincuenta. Y las canciones estaban escritas por autores de Country, las mismas que cantaban Jimmie Rodgers (en su época) y Johnny Cash.
--Puede ser, pero no es lo mismo.
¿Y por qué no es lo mismo?
--Nada tienen que ver el country y el rock n´roll. Está mezclándolo todo.
También podría ser un género “mestizo”, como el Country-Rock o Rockabilly. Esta última definición tiene sentido. En los años veinte al Country se le llamaba “Hillbilly”.
--Me parece que me está vacilando…
De ninguna manera, amigo. Le estoy contando la historia del Country y sus derivaciones. Tal como se bailaba y se baila, además, ha sido una réplica del folk irlandés que llevaron los inmigrantes a Estados Unidos de América.
Nuestro amigo se revuelve en el asiento, se levanta…Nos acusa de que no sabemos nada de música y que no tenemos ni la más remota idea.
--¡Cómo se puede mezclar cantantes sagrados, de distintas generaciones y música tan dispares como el Country y el Rock n´Roll!
--¿Reaccionaría algunos de ustedes igual que este señor?
Y un eco desolador (“Y yo” “Y yo” “Y yo” “Y yo” “Y yo”…)  retumba en el pub.
Vamos a suponer que todo sea un cuento de hadas, que no lo es.
Sin embargo,  alguien nos podría explicar…
¿Por qué se ha mezclado la música sagrada de Jack Nicklaus, la sinfonía de Seve Ballesteros, el blues de Tiger Woods, el violín de Sam Snead o la sonata de Gary Player con el novel campeón del US Open Championship 2011?
Solamente es una sugerencia.


Por Miguel Miró
Y… después dicen que “los milagros no existen”.
El milagro de la vida.
El milagro de la Naturaleza.
Sí; el milagro de un “kid” que ganó el US Open Championship.
Los milagros existen.
Estamos de acuerdo en su progresión British Open, 3º; US PGA, 3º; Masters, 15º–  pero todavía nos falta una mayor perspectiva. ¿Ha sido un relámpago fugaz? Aunque muchos hayan lanzado las campanas al vuelo. Aunque McIlroy sigue soñando despierto, el tiempo será quien determine si entramos o no en una Nueva Era. Lo que en el deporte se suele llamar un nuevo ciclo generacional.
El golf puede ser eterno, pero la vida, no.
La victoria de Rory McIlroy ha sido un “revulsivo” para el golf. Es cierto. Una explosión deportiva y sociológica.

EXPLOSIÓN DEPORTIVA
McIlroy se ha ganado a pulso el US Open. Por su juego y un swing construido a su medida en los últimos dos años. Una demostración de confianza-actitud-carácter y desparpajo en cada uno de sus golpes. La solidez de su golf y también por la importancia del campeonato.
Otra cuestión es la especulación o la visión futurible –que puede ser o no– que se produjo. La estruendosa música celestial que ha sonado en su entorno y en el golf mundial. Algo tan sonrojante como la presentación de los chicos de Liverpool en su momento. “Fuera Bach, fuera Beethoven, fuera Mozart… aquí están: The Beatles.
Más que nada porque, dos años antes The Beatles se habían presentado en la Plaza de Toros de “Las Arenas” de Barcelona y había supuesto un fiasco total de público y un debacle económico. Después, sí, a pesar que el director Richard Lexter intentó “ridiculizarlos” en una película inverosímil que los hizo crecer como la espuma de la cerveza.
La explosión de McIlroy debería ser más comedida. Sin olvidar el punto mágico y el éxtasis de su golf. Pensamos que no debemos adelantarnos a los acontecimientos. Dejemos que sea Rory quien nos demuestre su valía y su camino en su carrera deportiva. Sin necesidad de hacer comparaciones con otros “monstruos sagrados” del golf mundial.  


EXPLOSIÓN SOCIOLÓGICA
Su alegría. Su manera de ser. Tan accesible. El abrazo con su padre, Gerry, en el campo. Un canto a la familia, algo tan “sagrado” en Estados Unidos y el Reino Unido. Y su imagen, tan pequeña, frágil, ante rivales de más talla, más envergadura y mayor experiencia. Suele ser normal y no es casual. Si antes se había ganado a los aficionados al golf europeos mayores de 45 años (que son mayoría entre los 100 millones de golfistas en el mundo), en el course azul del Congressional G&CC de Washington se ganó igualmente a los norteamericanos.
No es un síndrome, ni tampoco un contagio. Se trata de una reacción normal.
Ahora mismo, Rory McIlroy tiene muchos padres, tíos, abuelos políticos o postizos por todo el ancho y largo mundo.

PIN VALLEY Por norma, los europeos juegan en el US PGA Tour los torneos previos a un campeonato del Grand Slam. Sin embargo, Rory McIlroy siguió los consejos de su “gurú”. Se entrenó en Pine Valley, New Jersey, el mejor campo de golf de Estados Unidos. Con una puntuación de 95,75 de 100. Un course complicado y muy penalizado. Este detalle resulta muy interesante, porque el norilandés llegó al Congressional G&CC (59 en el ranking), “curado de espanto”.

LA CLAVE Tan sólo en la tercera ronda se mostró contrariado. Quizá por eso, no guardó la bola en el bolsillo en el par-5 del hoyo 6. La llevó apretada en su mano izquierda. Fue instintivo. Momentáneo. Como un talismán de la suerte.
Hasta el hoyo 9, no pudo controlar recto su drive pero sí su distancia. Solo tres fairways, pero una regularidad asombrosa en el disparo a green.
Aceitó su máquina-swing en el tee del 9. Una espera que le benefició para calmar sus impulsos. Su segundo birdie del segundo par-5 le devolvió la tranquilidad (-13). Una tranquilidad íntima, después del  “susto” –sí, susto- en el segundo golpe del 6. Un despiste que le hubiese costado caro, muy caro. El tiro iba corto con peligro de que la bola se zambullera en el agua. Sin embargo, un efecto extraño hizo que pegara en una roca de la entrada a green, y cambiara de dirección.
Se demostraría después, todo le saldría redondo. Como si estuviera programado de antemano.  

RECORDS
Se resalta, tal vez demasiado los records. Algo que en el golf hay cientos de historias. Falla, muchas veces la memoria y se le compara con Jack o Tiger o cualquier “monstruo sagrado”, sin tener en cuenta las circunstancias, las generaciones y la máquina del tiempo.
Sobre todo en este deporte inventado, según dicen, por el diablo.

1990.- José María Olazábal, por ejemplo, “reventó” el Firestone Course con record-61-128-195-262 en cada una de las cuatro vueltas. En el NEC World Series of Golf, disputado en Akron, el mismo torneo que daría pie a los cuatro WGC actuales.

Volvamos a la tierra. El presente ¿tiene un nombre propio? Puede ser Rory McIlroy. Pero, por favor, no hay motivo de comparaciones. Rory McIlroy es… simplemente Rory McIlroy. Un “kid” que cuatro años después de pasarse al profesionalismo “rompe” con su primera victoria en un campeonato del Grand Slam. Una conquista que le engrandece y le ha puesto en órbita.
El segundo campeonato más añejo del mundo, 111 US Open. El norirlandés de 22 años fue tres veces “one” que puede ser –o no– un nuevo ciclo en el deporte del golf. Su victoria ha sido apoteósica, de principio a fin (wire to wire) que se agotaron los adjetivos para él.
Lo que podríamos llamar el nuevo resurgimiento del “Rock and McIlroll”. 

Records US Open Championship 2011
Rory McIlroy batió record 72 hoyos, 268 (65-66-68-69)
El registro correspondía a cuatro jugadores. Jack Nicklaus 272 (63-71-70-68), Baltusrol, 1980; Lee Janzen 272 (67-67-69-69), Baltusrol, 1993; T. Woods 272 (65-69-71-67), Pebble Beach, 2000; Jim Furyk 272 (67-66-67-72), Olympia Fields, 2003
Batió record -16 golpes
-12 Tiger Woods (R4), Pebble Beach 2000; -12 Gil Morgan (R3), Pebble Beach 1992.
Batió record 54 hoyos: 199 (65-66-68).
200 Jim Furyk (67-66-67), Olympia Fields 2003.
Batió record: 36 hoyos: 131 (65-66).
132 Ricky Barnes (67-65), Bethpage Black 2009.

US Open Championship
(ganadores más jóvenes)
1.- Jimmy McDermott [1911]   --19 años, 10 meses, 14 días
2.- F. Ouimet [1913]                  --20 años, 4 meses, 12 días
3.- Gene Sarazen [1922]          --20 años, 4 meses, 18 días
4.- Jimmy McDermott [1912]  --20 años, 11 meses, 25 días
5.- W. Anderson [1901]            --21 años, 1 mes, 14 días
6.- H. Rowlins [1895]                --21 años, 1 mes, 30 días
7.- B. Jones     [1923]                --21 años, 3 meses, 28 días
8.- Walter Hagen [1914]          --21 años, 8 meses
9.- Rory McIlroy [2011]            --22 años, 1 mes, 14 días



LA MÚSICA DE MARI CARMEN NAVARRO
Puede que algunos lo encuentren irrelevante, pero el swing de Rory McIlroy tiene un parecido (¿o no?) a un swing que habíamos visto antes.
¿Se acuerdan de “robotito”?
Ese era el mote que le pusieron sus compañeras –todas mayores ellas– a María del Carmen Navarro en los años ochenta. Un prodigio que rompió todos los moldes, y como siempre pasa en España, la descubrieron las estrellas francesas en un Campeonato de Europa Amateur.
Una niña, de 13 años, que fue siempre un espectáculo verla jugar. Madrileña, aunque valenciana de adopción, dejó una huella imborrable. Devoró todos los campeonatos nacionales y consiguió, junto a María Orueta y Macarena Campomanes, el primer título mundial por equipos en la historia del deporte en España.
Todavía, seguramente, Laura Davis se recordará de aquella niña prodigio, que le derrotó en el campo de El Saler durante el Europeo Amateur. Precisamente cuando la británica sobresalía como auténtica estrella y llegaba de dos a los par-4, por su potencia y envergadura.
¿Por qué recordamos a María del Carmen Navarro?
Por el swing de McIlroy y por la forma de caminar y comportarse en el campo. La española ensayaba poco o nada en los tees de salida. Sus drives los pegaba a la primera. Una enseñanza que aprendió de su padre, el profesional Juan Navarro, que le hacía entrenar seis horas al día.
Consiguió un swing repetitivo y elegante. Hecho a la medida, acorde a su estatura y a su edad. Además, siempre ha sido una auténtica fiera en el verde, en sus barbas y en la arena. Algo tan importante en el golf como no perder los nervios y ser lo más frío  y lo más humilde posible.
Pueden creerlo o no, pero siempre que vemos jugar a Rory McIlroy nos recuerda a Maricarmen Navarro. No lo podemos evitar.

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