martes, 10 de febrero de 2015

UN GENIO IN-COM-PA-RA-BLE




Messi, Messi, Messi, Messi



Por Miguel Miró
Desde que Álvaro Arbeloa le frenó -sin artimañas ni faltas- jugando en Liverpool en las eliminatorias de la Copa de Europa han pasado muchos años. Lionel Messi jugaba en la banda derecha, Frank Rijkaard era el entrenador del FC Barcelona.
El técnico, elegido por Johann Cruyff, para dirigir al equipo después de su excelente carrera como jugador (Ajax, Sporting Lisboa, Zaragoza, Milán). El mismo que rechazó la renovación del AC Milán ($6 millones); el mismo que “inventó” los dos diamantes (rombos); el mismo que creyó y subió al primer equipo a Lionel Messi, Pedro Rodríguez, Xavi Hernández –quién llegó a decir que “no contaba con él”–, Bojan…
Arbeloa prometía como zaguero. Con billete ida/vuelta, Liverpool/Real Madrid. Traspasado por €4millones y recuperado por €10 millones, un “negocio” (¿?) que sólo comprenden los dirigentes madridistas o la sección de fútbol del club.
Lionel Messi, en cambio, parecía un diamante en bruto. Aunque se notaba que le faltaba campo en la línea de cal. Ya se le veían maneras y cualidades pese a su juventud. Zurdo cerrado que dribleaba en una baldosa y que parecía llevar atada su bota a la pelota.
Un amigo, maño él, resaltó a Messi. Nuestra réplica fue: “le falta usar más la pierna derecha y no le vimos cabecear”. “No le puedes pedir demasiado, por su corta edad y baja estatura,” replicó nuestro amigo Julián.
(Años después nos repetía: “Ay, si Messi tuviera unos centímetros más sería indiscutible”)
La evolución se verá en los partidos (2005-06). Aunque promete y mucho tendrá que demostrarlo. Dicho y hecho. Su explosión, sin embargo, se demostró demasiado pronto. En el Mundial Sub 20. Argentina se consagró campeón y Messi, por sus goles, mejor jugador del certamen. Y había empezado de suplente, igual que Sergio Kun Agüero. Aún no habían llegado las imágenes de su etapa en el  baby-fútbol. Con la camiseta que le quedaba enorme en Newell´s Old Boys de Rosario.

EMPIEZA EL ESPECTÁCULO
Legal, tímido y sumamente crítico consigo mismo. De pocas palabras, pero “habla, enseña e inventa” dentro del campo. Los tres años de José Guardiola como técnico azulgrana, fueron decisivos.
Ya no se pudo decir que es “bajito,” una ventaja teniendo en cuenta el centro de gravedad en el futbolista. Tampoco la fortaleza de sus piernas, que parecen manos u obuses. Es ambidextro, le da igual la zurda que la diestra. Hace goles de cabeza. Y su técnica es tan exquisita como la de Xavi e Iniesta.
En la final europea frente a Manchester United y en el Mundial de Clubes ante Santos ya comprendimos que se trataba de un jugador polivalente, tremendamente competitivo y fuera de serie. Un futbolista completo, que le da lo mismo la demarcación. Ante los británicos estuvo en todos lados, como San Sebastián, y para nada se notó el cansancio del equipo. Y frente a los brasileños arrancó desde atrás, dejándole el protagonismo a Dani Alves como extremo sorpresa y rompedor.
Su cabeza funciona a 6.000 rpm, su explosión también. Inventa cada jugada, cada pase, cada gol. Y sus pies son de seda con relación al balón. De precisión matemática, igual que Xavi e Iniesta, prefiere los envíos entre líneas. Los más difíciles, como también el “balón al pie”.
El “pim–pam–pum” del Manzanares rompió la alegría de los aficionados rojiblancos. Se inició en un contraataque desde la banda derecha, en campo rival.
Nunca hace teatro –como Neymar, Alba, y muchos otros para engañar al árbitro– y le provocan en todos los partidos. Tiene la cabeza fría y las ideas calientes para mejorar el juego. Para dar el toque de calidad al fútbol que ha mamado desde su tierna edad.
Para nada es vanidoso. Al contrario, sus gestos son siempre los mismos cuando marca algún gol (los índices hacia el cielo), y no reivindica sus “medios-goles” por el pase a sus compañeros. Al contrario los festeja en grupo. Messi es un amante del fútbol. De su deporte favorito. Del fútbol bien jugado, con planes y jugadas. Y cuando faltan estos detalles él se los inventa.
Ganador nato y sumamente crítico por su actuación.  


GENIO Y FIGURA
Resulta un contrasentido comparar a Messi cuando se trata de un juego de equipo. Un deporte colectivo y donde pocos son los elegidos. Sabemos, por experiencia que entre los aficionados destaca siempre al goleador. El más caro. Tan caro como el gol. Pero no es suficiente para determinar quién es el mejor.
Ya lo dijo muchas veces Di Stéfano:
“Sin mis compañeros del equipo no sería nadie”
Y lo dijo Lionel Messi, en la gala de su tercer balón de oro:
“Sin mis compañeros no soy nadie”
El jugador argentino del FC Barcelona parece “tocado por la mano de Dios” –lo mismo que escribió, en la cima de su carrera, un periodista del golfista norteamericano Tiger Woods.
Para darle una variante, otra frase célebre:
“Es el elegido de los dioses”, como Carlo Magno.
Lionel Messi Cuccittini es como Alfredo Stéfano Di Stéfano o Johann Cruyff en sus épocas gloriosas: ini-mi-ta-ble e in-com-parable.
Un auténtico fuera de serie que rompieron el molde cuando nació.
Además, el “10” azulgrana tiene la gran virtud de haber empezado en un potrero (terreno baldío) para jugar, divertirse y para ganar. Y sigue divirtiéndose como profesional.

¿POR QUÉ INCOMPARABLE?
Para él es un hábito, un trabajo que eligió siendo muy pegueño.
Además, posee mucha regularidad, seguridad, temple, frialdad, ritmo, actitud, sangre fría, contundencia, consistencia, concentración, humildad, imaginación, convicción, demasiada fe, intuitivo, derrocha confianza, sapiencia, talento, precisión, mucho talento y calidad.

¿POR QUÉ INIMITABLE?
Por su espontaneidad. No hay nada fingido en él. Es un genio puro. Creativo y con una personalidad remarcada. Flemático, seguro y emotivo. Dominio de sí mismo, en lo positivo y negativo. Con una fuerte personalidad, en su manera de ser aunque no le exterioriza. Carácter único por su seguridad y tranquilidad en todo. Su medio es el campo de fútbol.  
¡Ah!, nos olvidábamos:
Messi es igualmente sensible, muy sensible… por eso parece tímido.
Sabe leer los partidos y acumula la sapiencia de sus compañeros y sus técnicos. Todo el fútbol lo absorbe como una esponja.
Ha madurado demasiado pronto. Por eso titulamos un genio del fútbol técnico-táctico. Como lo dejó claro en San Mamés.
Un partido de músculo y pelotazo.
El tándem Xavi-Messi lo cambiaron radicalmente: pase corto, primer toque y al pie, con meridiana precisión. Marcaron el control y el partido. Pocos, o muy pocos apreciaron este detalle.

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