jueves, 21 de junio de 2012

US OPEN: “IL SORPASSO” DE SIMPSON-2

El único “superviviente” en un campo plagado de “minas”


La USGA –United States Golf Asociation– se le fue la mano. Sobre todo el grupo de greenkeepers que prepararon el campo de San Francisco. Aunque no sea una novedad, después de los buenos scores de la última edición-2011 que ganó el no-americano Rory McIlroy. Para nada nos sorprende. Si antes estrechaban los fairways para que no venciera Severiano Ballesteros, en esta ocasión parecía ya suficiente con las reformas y el alargamiento del Olympic Club que conocemos bastante bien.
El hoyo 1, por ejemplo, era un par-5 de 533 yds (487m); el 5th, un par 4 de 457 yardas (417m) y el 17th, un par-4 de 428 yds (391m). Al retrasar los tees de salida ha supuesto igualmente un disparate. Por ejemplo: 16th, medía la friolera de ¡¡¡613 metros!!!
(En caso de duda, preguntar a Jim Furyk o Ernie Els).
En este mismo campo vimos ganar a otro Simpson, Scott Simpson. Otro outsider, precisamente. Capturó el US Open por un solo golpe a Tom Watson, mientras que Severiano acabó tercero.
El final de fiesta –los tres últimos hoyos eran y siguen siendo, poco más o menos, el “túnel de los horrores”. La gran dificultad que siempre presentó este course (cruel, esta vez, por la USGA) ha sido el driver. Por los árboles gigantescos de 15 metros. Pocos son los golpes estratosféricos. En cualquier desliz la bola desaparece en el bosque (rough) y los problemas se multiplican. Los buenos jugadores buscan la precisión y no se atreven a superar los 300 metros de distancia.

Salida de Severiano Ballesteros, tee del 1, Olympic Club de San Francisco
Miguel Miró
El otro gran inconveniente es la recuperación. El jugador que piensa, de forma instantánea, en la recuperación tras un error… está perdido. El course te “hunde” más en la miseria. Por eso, no hay que pensar en ello. Simplemente se debe mantener la sangre fría y la paciencia del campeón. Sólo así puede llegar algún birdie.
Recordamos que el último día, Ballesteros desenfundó la madera nº1 y en el hoyo 11 del back-nine se plantó como líder. Las ramas de un árbol frenaron su ímpetu en los últimos hoyos y su juego arriesgado con su MacGregor encontró más adeptos entre los aficionados que por el resultado.
El campeón de Pedreña fue uno de los últimos en abandonar la madera-madera, igual que el escocés, Ken Brown que sorprendía siempre con su inconfundible putter de madera, toda una reliquia, en el circuito europeo. De los palos que ya no se fabrican. Una madera de percimon que abundaba en Virginia (Estados Unidos). Puede que no le suene el árbol, pero es un frutal y en España se llama caqui.
En el Olympic Club (1987) no hubo ningún ace, pero sí el record-64 del campo. “Un milagro!!!”–se llegó a decir. Autor: Keith Clearwater, nacido en Long Island, California. Unos parciales de 32-32, seis birdies y ni una mancha en la tarjeta. La otra gran novedad: el debut de José María Olazábal en el US Open Championship.
Los especialistas estadounidenses denominan este campo como el “cementerio de campeones”. Nunca ganan los favoritos.
¿A qué nadie esperaba la victoria de Webb Simpson, que se llama James Frederick Simpson Webb? (Sus padres, Samuel Simpson y Debbie Webb.)
Sabíamos de antemano que iba a ganar un jugador desde atrás, pero no le elegimos. Apostamos por el sueco Fredrik Jacobson que figuraba el domingo entre los cinco primeros y el español Sergio García, que cualquier día nos dará una alegría. No fue una corazonada, simplemente contamos la diferencia de golpes en el pelotón de la cabeza. Prácticamente… un pañuelo. La horquilla se abría (de 2 a 5 golpes) entre más de 20 jugadores.

SEGUNDA VICTORIA AMERICANA
Sin embargo, pocos fueron los que acertaron. Una grata sorpresa. Un nuevo nombre a la lista de ganadores de una de las cuatro pruebas del Grand Slam. Segunda victoria de un norteamericano, después de Bubba Watson (Masters) en la presente temporada. Y…no se “repite” ganador desde el US PGA Championship que capturó el norirlandés Padraig Harrington.
Pensamos poner este titular: Del “Dios, familia y trabajo” al “recé mucho en los últimos tres hoyos”. La primera frase corresponde a Scott Simpson, nada más sentarse en la Sala de Prensa, y la segunda, a Webb Simpson, que estudió Religión en la Universidad de Raleigh. Dos jugadores, dos outsiders, con distintas características en su forma de jugar, pero unidos al cristianismo. Ambos, para variar, tuvieron que sufrir en la Casa Club que acabaran los matches estelares.
De una forma u otra y después de disfrutar las cuatro vueltas, podríamos coincidir en algo en esta nueva historia del US Open Championship.
Los protagonistas que completaron los 72 hoyos del recorrido no parecían profesionales en el campo. La sensación ha sido otra. Se trataba de “supervivientes” aferrados en salvar el par para no “morir” en el intento. Algo insólito entre profesionales que, por lo general, buscan el birdie, eagle o albatros.
ÚLTIMO “SUPERVIVIENTE”
Ante la ansiedad o la desesperación siempre se recurre a la madre o a Dios, algo innato en el ser humano. En este caso, Webb Simpson recurrió a Dios. O tal vez recordó la célebre frase de Anthony Lema en el Masters de Augusta, camino del tee 11.
“Ahora –dijo Mr Champagne– hay que ponerse a rezar”. De esa frase, un sagaz periodista bautizó el famoso “Amén Corner” (hoyos 11, 12 y 13).
El “amén” del estadounidense –intuimos– lo pronunció por última vez en el hoyo 18 (72 del recorrido). Un par complicado que nos sorprendió a todos. En su salida se va al rough de la derecha. Su segundo golpe no alcanza el green. Su bola queda enterrada en un agujero, de las mismas dimensiones a una tapa de riego y con una mata de hierba larga por detrás. Un golpe difícil. Sin embargo, Webb Simpson ejecuta un chip prodigioso apuntando a bandera. La pelota bota y rueda hasta quedarse a 3 metros del hoyo. Un putt y 68, para un total de 281,+1. Contabiliza: 13 birdies, 46 pares, 12 bogeys y 1 doblebogey.
Si analizamos fríamente la victoria del estadounidense debemos centrarnos en su cabeza fría, su consistencia, su regularidad y su concentración. No es carismático, pero no lo necesita. Tampoco es un principiante. Sobre sus espaldas tiene una brillante carrera amateur. Líder y ganador de muchas batallas en la Universidad Wake Forest. Por equipos ganó la Walter Cup a los británicos en el Royal County Down y también la Arnold Palmer Cup. Dos victorias en el Mini-tour (Nationwide Tour), y consigue la tarjeta del US PGA Tour en su primer intento (2008). En la Qualifying School clasifica séptimo. Sus dos primeros años, en blanco, pero “explotó” el año pasado 2011. Dos victorias (captura el Wyndham Championship y el Deutsche Bank Championship) y acaba 2º en el Ranking PGA Tour, superado solo por el inglés Luke Donald (1º). La 112ª edición del US Open Championship supuso su quinta aparición en un torneo del Grand Slam.
Además, lo dejó bien claro en el course del Olympic Club de San Francisco. Su colección de golpes de oro con los hierros que parecen la prolongación de su brazo, mejoró el golpe largo (drive más recto) y dejó entrever que es una verdadera fiera en el green. Su putter semi-largo (Ping G5i Graz-EBI) funcionó como una máquina.

DIENTES DE LOBO
Lo mejor de Webb Simpson ha sido: “no cometer errores” en los momentos críticos y “tener diente de lobo” para atrapar las oportunidades que se le presentaron. La cadena de tres birdies seguidos –a partir del 6th, el más duro del campo–, par en el siguiente y su cuarto bajo par en el 10th.
¡¡¡Sin olvidar que tuvo seis greenes consecutivos a un putt!!!
Se le escaparon dos o más birdies en el momento más excepcional de su recorrido.
Tampoco tiene un lugar destacado en las estadísticas en los 72 hoyos.
Distancia drive: 255 metros de media.
Fairways: 31 de 56.
Greenes: 42 de 72.
Putts: 114. Un promedio de 1,58.
Bunkers: 5 de 12. 41,67%
Score average: (2012), 70,50

Tarjeta del campeón.
1 .-James Webb Simpson     Pos 8º +3 ///  72 73 68 68  281 +1  - campeón
R 4
HOYO
1
2
3
4
5
6
7
8
9
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10
11
12
13
14
15
16
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IN
TOT
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Par
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Score
4
5
3
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3
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4
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3
4
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3
4
3
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5
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1
2
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3
5
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4
37
72
(continuará)

domingo, 17 de junio de 2012

DEL BOSQUE SORPRENDE…

Valora: Defensa, recuperación y “la unión” de equipo-equipo

 Cada partido es distinto y el equipo, cualquier equipo o selección, debe amoldarse a cada situación. Está claro. El rival siempre cuenta. No obstante, son muy pocos los que comprenden este pequeño y gran detalle.
Vicente del Bosque lo sabe, y por eso nos sigue sorprendiendo…
No lo decimos como algo reciente. Actual. Lo hizo como jugador, uno de los “cerebros” más técnicos y más criticados del fútbol español. Algo parecido como “el ronco Onega” en River Plate (Argentina).
En su faceta de jugador se le acusaba de “lento,” pero su cabeza funcionaba como una máquina a 6.000rpm. Todos los balones pasaban por él, y cuando fallaba uno o cinco, los Medios no tenían piedad. Amnesia repentina. Nada decían de los otros 64 o 74 pases.
¿Por qué pasaban por él todos los balones?
Por su exquisita técnica que le permitía “aguantar” el balón en la zona central, pausar el ritmo y hacer pases con tiralíneas. Además, no era fácil quitarle el balón –como Andrés Iniesta o David Silva– salvo con una patada o una falta.
Günter Netzer se convirtió en un espectáculo por sus pases largos en profundidad. Del Bosque siempre ha sido más completo que el alemán del Borussia Moenchengladbach (Un equipo que hizo historia en la Bundesliga y en Europa). Un auténtico “centrehalf” que mandaba y distribuía juego.
El salmantino, en su época juvenil empezó como delantero y goleador. Le dio lustre también a los “orejuts”. El CD Castellón llegó a una final de Copa, tras una brillante trayectoria (1973).
Solamente una vez le hemos visto enfadado como jugador. Sucedió en el partido de vuelta de las semifinales, Copa de Europa-1979: Hamburgo-Real Madrid. El equipo merengue perdió por goleada (5-1). El célebre match que, por diversas causas, no pudo ser televisado.
Los goles de Hrubesch, que desparramaba defensas como Terminator y la exhibición del inglés Kevin Keegan, con una calidad impresionante.
Del Bosque, ante la impotencia de frenar al extremo británico, en los últimos minutos del encuentro le dio una colleja a Keegan, lo que supuso su expulsión.


Miguel Miró
Al ex jugador salmantino le sucedió lo mismo que Alfredo Di Stéfano –salvando las circunstancias, por supuesto– como entrenador en el Real Madrid. A los dos, no les renovaron su contrato.
(Les destituyeron, les echaron “con sordina” y de manera cruel)
A la Saeta por llegar a cuatro finales –incluida la Copa de Europa– durante una temporada gloriosa y no ganar ninguna de ellas. Una rabieta del entonces presidente, Luis de Carlos, apoyado por el secretario técnico Luis Molowny, que después ocuparía el cargo de técnico.
Di Stéfano pidió refuerzos al principio de temporada –entre ellos: Jorge Valdano, delantero del Real Zaragoza– y el club se los negó, amparándose en tiempos difíciles para la economía del club. Cumplió su trabajo con creces. ¡Cuatro Finales! Cuatro frentes y más de 60 partidos, con un plantel “cojo” en experiencia, ya que se tuvo que recurrir a la cantera (entre ellos Butragueño) para cubrir lesiones, sanciones y cientos de problemas.
Lo primero que hizo Luis Molowny al año siguiente ha sido fichar a un delantero. ¿A ver si adivinan su nombre? Jorge Valdano, que había marcado 25 goles en el conjunto aragonés.
Parecido le ocurrió a Del Bosque, aunque las circunstancias fueron diferentes. Provocaron, eso sí, “carcajadas” de histeria entre los buenos aficionados al fútbol. El Real Madrid con él como técnico y buenos jugadores consiguió: 2 Copas de Europa; 2 Ligas y 1 Mundial de Clubes, entre otras copas. No fue cuestión de títulos y mucho menos de fichajes de jugadores.
Ha sido un “capricho” del entonces flamante presidente del club, que poco sabía de fútbol.
Quién destituyó al técnico salmantino ha sido Florentino Pérez en pleno furor de de su gran “pelotazo” (€500 millones y otros terrenos públicos) por la venta de la Ciudad Deportiva del Real Madrid al Ayuntamiento de Madrid. Un ex político (UCD) y empresario que presume de “ministro” como Ramón Mendoza en su tiempo.
Su argumento resulta triste y lamentable:
“No sabe sacarle jugo a las estrellas de mi primer proyecto y su fútbol resulta muy aburrido”.
Y para rematar sus asesores dieron el visto bueno: el director deportivo Jorge Alberto Valdano y su adjunto, Emilio Butragueño.



EL “LIBRE” CONTRA IRLANDA
Vicente del Bosque nos sigue sorprendiendo…
En sus inicios como técnico encontró un diamante en bruto. Caminero (Real Madrid B). Ganó muchos partidos con él en la posición de “libre”. ¿En la defensa?
Nada de eso, en la medular. Precisamente, donde se elabora el juego. Del Bosque medía los tiempos y las subidas por sorpresa de Caminero siempre suponían una solución letal cara al gol. Primero, por su velocidad y segundo: descolocaba al adversario llegando desde atrás sin marca y… sin frenos.
Vicente del Bosque puso frente a Irlanda un “libre” en punta…
Nos demostró que el “delantero o 9” no fija a los centrales, como afirmó un papanata. El seleccionador sigue fiel a sus criterios. No se pliega a debates estériles, ni tampoco se toma en serio “el juego del 9”. La entrada de Fernando Torres ante Irlanda, intuimos, lo hizo por su apetito de gol, y por las ocasiones que les fabricaron Iniesta y Xavi frente a Italia.
Pero no como “9” clásico.
Torres no fijó para nada la defensa verde, ni jugó en punta… Marcó dos goles, es verdad. (El primero de ellos de “pillo”, al ver un balón bailando en el área). Sin embargo no tuvo la responsabilidad de arrastrar a la defensa, ni de fijar a los zagueros como afirmó –repetimos– un papanata.
¿Quién fue, entonces, el jugador más adelantado?
David Jiménez Silva, que jugó de “libre” adelantado.
No se trata de ningún juego. Silva puso de uñas a los defensas de Irlanda. Precisamente, por su labor de ardilla o de mosca cojonera entre los rivales. Fernando Torres arrancaba desde más atrás.
Todos los periódicos, deportivos o no deportivos, pusieron la foto de Torres por sus dos goles. Salvo uno: ABC de Madrid, que destaca a David Silva en su portada.
Silva ha sido para nosotros la llave de la victoria. Además de su trabajo y su calidad, fue el autor del segundo gol. Un gol “imposible” por los zagueros y el guardameta que cerraban todos los huecos. Sin embargo, encontró una rendija y “mató” el partido, después de 45 minutos con un raquítico 1-0 en el marcador, que no reflejaba los méritos y el juego que estaba desarrollando la selección española. Pero sí dejaba “viva” a Irlanda en su aspecto defensivo.



LA ORQUESTA SINFÓNICA
Del Bosque no busca un “9” para que marque los goles. Busca cuatro o cinco calles en la que circulen los jugadores camino del gol. Y que todos ellos, no uno, sean goleadores. Da igual el número que tengan en la camiseta. Una de las fórmulas –José Guardiola en el Barcelona– más convincentes para la selección y los jugadores que dispone en el plantel.
El técnico, con buen criterio, valoró al final del partido el espectáculo que ofreció España ante Irlanda, pero sobre todo al sistema defensivo. La presión y la recuperación del balón (instantánea) y que el partido se jugara (100% - 0%) en territorio irlandés.
No fue la lluvia y el campo rápido, sino la precisión y técnica de los españoles, que no perdieron tanto balón como en el partido ante Italia. Asimismo, la concentración desde atrás que con su seguridad permite un desahogo a los volantes y atacantes. En esa línea, con Busquets más retrasado –sus pases esta vez fueron al pie del compañero y no se volvió loco subiendo en demasía– y Alonso más adelantado.
Si añadimos el recorrido de los laterales, con menos metros hacia delante y hacia atrás (y no los 80m de ida y 80m de vuelta, que dejan sin aire a cualquiera). La seguridad de Piqué y a un escalón más atrás, Ramos se pudieron apreciar la efectividad de una selección que juega aparentemente con “los ojos cerrados” por su excelente técnica y calidad.

XAVI HERNÁNDEZ, MÁS ADELANTADO
El primer gol dio cierta tranquilidad, por supuesto, pero el equipo acusó la intensidad del juego. De ahí los pases horizontales, para recuperar energías. No debemos olvidar que muchos (la gran mayoría) tiene más de 70 partidos en sus respectivos clubes. El ritmo trepidante pasa factura y se deben medir los tiempos para dosificar el aspecto físico.
Durante los últimos cuatro años, siempre dijimos que si Xavi Hernández juega adelantado el triunfo es seguro del Barcelona. En este caso, su posición se repitió con la selección. Un recurso que casi siempre dio resultado. Aunque en esta ocasión no estaba Busquets sino Alonso como “guardaespaldas”. Pero no es sólo Xavi que hizo funcionar al engranaje del equipo. No. Ha sido el triángulo mágico en la que se asocian el “6” a la derecha, Iniesta, a la izquierda y en el punto del triángulo Silva, más adelantado.
David Silva de libre (como lo hizo Fábregas en el primer partido) ha sido muy positivo, pero terminó por ahogarle en el segundo tiempo. Por eso retrasó su posición, al ver la reacción del rival después del 2-0, que adelantó las líneas para buscar un gol. La consecuencia de este movimiento, como león herido, permitió que llegara el tercer gol, en un pase en profundidad de Silva que dejó completamente solo a Fernando Torres ante Given para que anotara el 3-0.
Y para completar el guión, otra entrada en diagonal de Fábregas completó la goleada.

CON RITMO PERO CON PAUSAS
No hablamos de especular –algo lógico, en los partidos de grupo– pero será difícil repetir la exhibición de España en su segundo partido. No nos referimos a la calidad y al juego super-técnico propiamente dicho. No. Hacemos hincapié en la intensidad. El equipo debe recurrir a la paciencia del campeón, para no estar ahogado en el segundo tiempo.
Con ritmo, con juego, pero con pausas ante Croacia. Aunque el rival practica un fútbol sencillo, abriendo el campo por los extremos, no hay que olvidar que los ex yugoslavos son habilidosos y físicamente fuertes.
Por último, un tirón de orejas a Cesare Prandelli, seleccionador de Italia. A) El fútbol no es una ciencia exacta como las matemáticas. B) España no tiene la culpa de que se durmiera en sus laureles ante Croacia en el segundo tiempo  y que Pirlo desapareciera del campo. C) Debería preocuparse más en preparar el partido ante Irlanda y ganar, que es su obligación. Y (D) no hacer insinuaciones ofensivas para evitar el posible ridículo.

miércoles, 13 de junio de 2012

IDIOSINCRACIA O LA “DE DIOS SIN GRACIA”

Si España pone un “9” juega con 10 ante Italia, vestida de “Juve”

La idiosincrasia. ¡Ay! La “de dios sin gracia”.
Los españoles no tenemos –salvo excepciones– término medio. Nos vamos de un extremo al otro a una velocidad estratosférica.
¿Y la reflexión?
Todo lo español es bueno…buenísimo o malo…malísimo.
¿Será por nuestra lengua? Nos sirve para discutir en lugar de hablar –decía Amando de Miguel– aunque no tengamos argumentos claros para discernir.
Nos traiciona, muchas veces, nuestro carácter ¡caliente, caliente, caliente! y así nos va. Del blanco al negro y del negro al blanco.
Por eso pasamos del Cielo al Infierno en cuestión de segundos.
La exagerada euforia montada por los Medios de Información y también la publicidad, que muchas veces es engañosa, nos ha desfigurado la realidad. Hasta tal punto que ponía a selección española en los altares y condenaba al infierno a la transalpina. ¿Se olvidaron de la trayectoria y las virtudes de la tetracampeona del mundo?
Ahora los mismos Medios de Información que antes multiplicaban sus alabanzas al equipo, critican sin piedad a la selección española.
El mundo al revés…
Bajemos de las nubes y pongamos los pies en la tierra.
Alemania, España e Italia siguen teniendo la vitola de favoritos junto a Rusia y posiblemente Francia. Acaba de empezar la Eurocopa de Naciones.
Intentaremos analizar el match sin acaloramientos. Un match intenso y táctico, entre dos clásicos del fútbol Europeo.


Miguel Miró
La “tijera” defensiva de Italia no es un invento del seleccionador nacional Cesare Prandelli, sino de Antonio Conte actual técnico de la Juventud de Torino, que destronó al Milán para ganar el “scudetto” del Calcio Italiano 2011-2012.  Conte, natural de Leche, ex jugador  y líder “bianconero”, ascendió a dos equipos a la Serie A (Bari y Siena) antes de dar el salto a la “Vechia Signora”.
El sistema defensivo le llamamos la “tijera”, porque se abre y se cierra según las circunstancias, pasa de tener tres zagueros a contar con cinco para cerrar todos los espacios.
¿Por qué optó este sistema Prandelli? Muy simple, seis campeones de la Juve figuran en el combinado trasalpino: Buffon, Bonucci, Chiellini, Pirlo, Marchisio, Giaccherini… además de Giovinco (Parma) y Nocerini (Milan), que proceden de la cantera del club juventino.
SI ESPAÑA PONE UN “9”, JUEGA CON 10
El sistema de la “squadra” italiana consiste, pura y llanamente, en tener siempre las espaldas cubiertas. Un sistema defensivo bien estudiado –dirigido por los jugadores de la Juve– que se abre y se cierra con las líneas bien juntas. Es falso que juegue siempre con tres zagueros. Cuando se cierra cuenta con cinco hombres. Vamos a explicarlo. Empieza con tres zagueros centrales (Bonucci, De Rossi y Chiellini) y vuelve a la misma posición al recuperar el balón. Bonucci y Chiellini se abren a las bandas, y bajan automáticamente Marchisio y Mota, para apoyar a De Rossi (fullback: último hombre antes del guardameta). Automáticamente, los laterales suben a la segunda línea con proyección de extremos desde atrás. Los que dirigen la orquesta son Pirlo y Giaccherini. Igualmente cuenta, con dos delanteros peligrosos y rápidos: Casano y Baltelli.  Si añadimos que el bloque azzurri se mantiene siempre en su campo (a excepción de sus dos delanteros) hubiera sido un suicidio poner a un “9” o un delantero en punta. Del Bosque optó por Fábregas, porque tiene llegada y así jugaba en el Arsenal, en la jerga futbolística en “dos aguas”. En caso contrario, España hubiera jugado con 10 jugadores… y un delantero perdido en un enjambre de piernas y dos líneas de ocho jugadores.
Además, no debemos olvidar la trayectoria de Italia y la preparación física y técnica que poseen. Nunca es un rival fácil. Pero hay algo más importante que debemos tener en cuenta: son los reyes de la presión. Auténticos especialistas.

 
MUCHA PÉRDIDA DE BALÓN
¿Jugó España con delanteros? Por supuesto que sí: los más adelantados fueron Silva, que llegaba en diagonal desde la banda derecha y Fábregas, que se movía en vertical en las proximidades del área italiana y ayudaba en la presión en la línea de volantes. En el primer tiempo, también llegaron desde atrás Xavi e Iniesta.
El problema de España no estaba en el “9”, sino en el estrecho marcaje de los azzurri con el andamiaje defensivo y la pérdida constante del balón en el centro del campo. Si añadimos el “engaño-Pirlo”, muy retrasado y volcado a la banda izquierda, podemos comprender el error de Busquets, alejado de su posición  y empeñado en seguir al cerebro del adversario.
Ese ha sido el primer fallo del conjunto español (Stopper 2).  Pirlo apenas atravesó la línea central del campo y Busquets dejaba un boquete enorme en la contención de la segunda línea. Giaccherino, sin embargo, cogió los galones y fue el trampolín de lanzamiento para abastecer de balones a los delanteros. Su efectividad en los pases rozó la perfección (93%). La fácil llegada de Cassano en diagonal, que mantuvo en vilo a Arbeloa (espeso y lento) y la movilidad de Balotelli, que frenaba las subidas de Alba y mantenía en jaque a Alonso y Ramos.
Busquets se entusiasmó mucho en las subidas (El Barcelona lo pagó varias veces estas circunstancias y por eso, José Guardiola le mantuvo atrás en la final de Copa). El cabezazo de Mota no se hubiese producido si el stopper 2 hubiera estado en su sitio.
Igualmente, la pérdida del balón ha sido por la presión italiana, y la tensión multiplicada por dos que supuso para los jugadores en su primer partido. La “machacante euforia de los Medios de Comunicación”. A pesar de la calidad y la profesionalidad que atesora el equipo, las botas llegaron a pesan 100 kilos y los tacos no se entierraban bien en un campo seco y césped alto donde el balón no rodaba.
Asismismo,  Javier Alonso (Stopper 1) se volcó sobre la banda izquierda, ante las subidas esporádicas de Alba –inconsistentes, porque hacía el fútbol del cartero– y Ramos cubría las espaldas. Bien, suponía un apoyo, pero Alonso se preocupaba de un pasillo, pensando quizá en el regreso de Busquets. Ninguno de los dos llegaron a tiempo para tapar  el centro de la zaga en varios contraataques de la selección italiana.
Otro detalle importante: la barrera en el tiro libre de Pirlo estaba mal colocada, menos mal que Casillas estuvo concentrado. El volante italiano no tuvo que levantar el balón con rosca. Había un boquete de medio metro. Por ahí colocó la pelota, a la derecha del guardameta.

APERTURAS POR BANDAS Y MÁS VELOCIDAD
Tales desajustes  –la posición de los dos stoppers– se corrigieron en la segunda mitad. Y España volvió a recuperar el balón  en la línea media. Las alas de “red bull” surtieron el efecto deseado entre los jugadores. Mayor movilidad, desmarque y velocidad. Sin embargo, España se volcó en demasía por la banda izquierda. Buscando la genialidad de Iniesta (más adelantado), pero olvidándose de Silva, en la derecha.
Las subidas de Alba fueron más efectivas y agresivas, Xavi tuvo más comunicación con Fábregas y se colocó al lado de Pirlo. El panorama fue distinto, hubo más profundidad y más ambición. Y se prodigaban – ahora, sí – las combinaciones entre líneas. El dominio de España propició muchas oportunidades.  La zurda de Iniesta, la más clara, que Buffon despejó con la punta de los dedos.
La dinámica cambió, porque la selección trasalpina había realizado un desgaste “de caballo” en la contención y recuperación. No obstante, seguía teniendo gasolina para el último trámite del match. Y como algo inevitable, las líneas dejaron de estar bien “juntas” en el dispositivo defensivo azzurri.
Llegó, entonces, el cortocircuito de Ramos, al intentar dar un pase hacia atrás desde la banda y dejó prácticamente solo a Balotelli ante Casillas. Pareció tan fácil para el italiano que dudó antes del remate y el defensa español se la jugó en el contacto y posible penalty en el área pequeña.
El cortocircuito fue la antesala del gol azurro, cuyo origen parte de un “robo” de balón de Giaccherini con pase de primera a Pirlo. También hubo dudas en la entrada a Pirlo (Xavi y Busquets) y la velocidad de Di Natale – sustituto de Balotelli – hizo el resto. Menos mal que la reacción fue inmediata. El pase y la realización, una obra de arte. El giro en una baldosa de Silva, picando el balón entre dos defensas y la zurda del “tan criticado” Fábregas.
Menos mal, sí, porque se aprovechó la alegría italiana y los azurri no se replegaron en masa en la cueva, como suelen hacer muchas veces.

SE MIDEN LOS TIEMPOS
El técnico español, además, supo usar el crono para medir los tiempos. Al ver el cansancio lógico de los italianos y la apertura de los espacios (las líneas se abrían), optó primero por un “misil” con Navas para romper la banda derecha y 10 minutos después, la entrada de Fernando Torres con la idea de “matar” el partido. Todo hubiera salido correcto si el “9” marca sus dos ocasiones clarísimas.
En la primera, Buffon adivinó el dribling por fuera, pero dejó una pierna atrás por las dudas, y en la segunda el delantero percibe a Navas a su derecha, pero la salida de Bufón a la desesperada le obliga a probar la vaselina.
Un match intenso, emocionando y sumamente táctico en el que se ha podido apreciar un fútbol de alto voltaje. Italia “vestida” de la Juventud y España en su línea, contrarrestando en el segundo tiempo el férreo y singular sistema defensivo de su rival.
Lo demuestra la posesión del conjunto hispano (66%), los disparos (15-9) y las oportunidades de gol entre los tres palos (9-3). Pero también hubo detalles interesantes. La impecable labor de Piqué y de Rossi; la agresividad de Alba y Maggio (2T)… Busquets –que perdió muchos balones en sus 129 pases– imitó a “Drogba” en un corner lanzado por Xavi. Sale del segundo palo hacia el punto de penalty.
El im-pre-sio-nan-te trabajo de Giaccherini (recuperación y jefe del contragolpe); el temple y lo desequilibrante que supone Iniesta cuando se sitúa de volante ofensivo. Los pases “mágicos” de Silva a Fábregas en el empate y de Giovinco a Di Natale, que casi, casi.




lunes, 28 de mayo de 2012

FC BARCELONA APRIETA EL CINTURÓN

El “Reprise” y una “W” de patas largas destrozan al Ath Bilbao



Resulta verdaderamente curiosa la acepción “reprise”.
En portugués puede significar: arrancada o repetición.
En inglés: reestreno.
En francés, sin embargo, esta palabra suele ser muy utilizada en el periódico “L´Equipe”: “Cadre sa reprise”: después de recuperar el balón, remata.
Nuestra intención es hablar de reprise, trasladando la reacción de un coche tras un adelantamiento, al terreno del fútbol.
Por ejemplo, un Lancia. Su reacción en el reprise siempre nos ha sorprendido. ¿Por qué? Resulta verdaderamente espectacular. No pierde potencia ni velocidad en un adelantamiento en carretera. Mantiene el mismo ritmo frenético… Su reprise suele ser una pasada. Pensamos igualmente que tiene un motor magnífico y también -aunque sea de alta gama- por lo general es liviano. No muy pesado. Es una opinión, por supuesto.
Muchos españoles, sin embargo, confunden reprise a la “salida del coche” o “arrancada”, igual que los lusitanos. Pero nuestros vecinos también traducen como repetición, tal vez más correcta en el tema que nos ocupa.
El “reprise” del FC Barcelona ha sido la llave del éxito en la final de Copa. 
En una palabra, para entendernos, recupera rápidamente el balón y a renglón seguido mantiene el ritmo, para después acelerar la velocidad en el ataque.
Cualquier equipo (nacional o extranjero) hubiera sucumbido estrepitosamente en los 35 minutos “locos” frente al cuadro azulgrana en un match decisivo. Cualquiera. Nadie hubiera podido resistir a su vertiginoso reprise combinado con piezas de alta “relojería” y una gran precisión.



Miguel Miró
Si nos permiten el símil, el Barcelona repitió en la final de Copa del Rey, la misma exhibición del recordado 5-0 al Real Madrid en el Camp Nou durante la temporada 2010-2011. Sin preámbulos, sin pausas y un juego espectacular y  arrollador.
¿Faltaban algunos titulares? Concretamente tres defensas: Puyol, Alves y Abidal. Sin embargo, apenas se notó. Un fútbol serio, sin concesiones, a un ritmo vertiginoso y acierto en los tres palos. Treinta y cinco minutos de gran calidad, enorme en el despliegue y a una velocidad de 6.000 r.p.m. El mejor Barcelona de la época de José Guardiola.
Liquidó prácticamente el partido, al retirarse al descanso con un rotundo 3-0 en el marcador. Bajó el ritmo en la segunda mitad, pero si lo hubiese mantenido el resultado podría haber sido de 5-0 o quizá más escandaloso, como sucedió frente al Rayo Vallecano al final de Liga. Algunos habrán pensado que “ha sido por la despedida del entrenador,” “el Athletic de Bilbao no jugó un pimiento” o cosas por el estilo. Están en su derecho o “torcido” (por quitarle méritos) pero se equivocan.
La exhibición del equipo azulgrana en la final de Copa del Rey ha demostrado que el equipo azulgrana continúa teniendo su altísimo nivel, profesionales de un gran talento y seguirá produciendo estupor en el plano internacional. Un equipo compacto y serio. La conquista de la 26ª Copa de España ha supuesto, simplemente, un punto y seguido con vistas a las competiciones nacionales e internacionales. Y vamos a intentar explicar razones y argumentos en nuestra reflexión.

VILANOVA “YA” TRABAJA
Francisco Vilanova lo tiene claro: no es partidario de los tres zagueros. Aparentemente convenció a Guardiola a volver a la defensa escalonada y montar una especie de “cinturón” para evitar sorpresas. Se pudo comprobar en el segundo período, donde los defensas y los volantes trabajaron juntos. La retaguardia resistió sin agobios de los últimos partidos.
Los cuatro zagueros no están en línea, a excepción de un repliegue o despliegue colectivo. El último escalón, Mascherano, en una posición de “fullback” u hombre escoba. Cubriendo la zona central y, a la vez, la banda izquierda. Piqué –que relevó un par de veces al argentino en sendas subidas – está un poco más adelantado y con libertad de movimiento.
Los defensas laterales (Montoya y Adriano), igualmente escalonados, pero un poco más adelantados. Forman un trío junto a Busquets, que vuelve a su puesto natural (stopper), con una labor seria y en un lugar bien determinado (por delante de la defensa).  
El sistema defensivo dejó entrever dos cuestiones: concentración y sincronización. Bien compenetrado, adelanta sus posiciones para juntar más las líneas con los centrocampistas. Pero nunca en una situación fija, sino tapando espacios y colaborando en la recuperación de balones.

RECUPERA EL “DIAMANTE”
El Barcelona recuperó, al mismo tiempo, otra de sus señas de identidad: el “diamante” (Franck Rijskaard, Manuel Pelegrini, José Guardiola…) que, con el juego, se obtienen muchos recursos. (Defensivos/ofensivos) Sobre todo cuando el dibujo se estira como un chicle, a la ancho o a lo largo, según los casos. Pero lo más importante: facilita el ataque más inesperado y multiplica la retaguardia en el momento de cerrarlo.
Las puntas del diamante (otros le llaman rombo) son Busquets, Xavi, Iniesta y Messi. Sin embargo, el equipo mantiene los circuitos, en la que entran los relevos, apoyos y desmarques en “bases imaginarias”. No cambia su fórmula ni tampoco su espíritu.
Ahora bien, en la Copa de España no se hicieron experimentos. Busquets tuvo menos presencia atacante –salvo en los corners–, Xavi ofició de mariscal de campo, con su “cerebro privilegiado”; Iniesta ocupó su puesto habitual como volante-volante y no de volante-ofensivo…
¿Y Messi? El argentino se plantó como el general romano, dirigiendo con pases de oro a la avanzadilla pero también participando en el “cuerpo-a-cuerpo”. Una tarea en la que hubo mucha predisposición, no sólo entre los volantes, sino también en los estiletes: Pedro y Alexis Sánchez. Sin balón, arrastrando a los centrales y con balón provocando la alarma en el área.



CRUZADO MÁGICO
El cruzado mágico radica en el sentido posicional del equipo dentro del campo. En la comunión está el secreto. La empatía general. No se trata arquitectos –por no llamarles estrellas– y obreros. En la misión de la recuperación del balón todos son obreros en zonas predeterminadas y cortas. La presión instantánea para la “recuperación” del balón. El delco –como se le llamaba antiguamente– o distribuidor de una máquina de cuatro o más cilindros.
Y no corresponde solamente de una línea (la retaguardia, por ejemplo), el Barcelona utiliza todas sus líneas en esta tarea. Todos a uno, preparado, estudiado y entrenado al milímetro. En este sentido, italianos, holandeses y alemanes en sus momentos de gloria fueron los “reyes de la presión”. Algo que ahora los británicos se han prodigado ante el aumento de jugadores extranjeros en la Premier League.
La diferencia entre ayer y hoy está en la condición física. En esto, el equipo azulgrana ha simplificado las zonas del campo –más cortas, similar a la selección holandesa en la Copa del Mundo 2010, con mucho trabajo pero sin brillantez– y por tanto, el desgaste suele ser menor al disponer de jugadores con talento y oficio. Además de las líneas, más bien juntas.
Vamos a poner un ejemplo de la final de Copa de España, sus  tres delanteros. ¿Cuántos balones recuperaron? Más de una docena. ¿Cuál de ellos fue más efectivo? Alexis Sánchez, el más retrasado de los tres, pero el más rápido para pisar el área. Increíble, ¿verdad? Pero no es la primera vez. Ya cumplió la misma doble función en otros partidos de la temporada pasada. El chileno no marcó ningún gol, pero su trabajo puede considerarse como excelente.
Otro de los secretos de la fórmula está en el adelantamiento de líneas al centro del campo. El partido final –sobre todo en el primer tiempo– se disputó en 45 X 70 metros aproximadamente. Prácticamente, en un frontón o lo que es lo mismo: en terreno del adversario. 



RÁPIDA RECUPERACIÓN Y VELOCIDAD EN ATAQUE
Aquí es donde se llega a la fase más importante: el “reprise” de un vehículo, fundamental en el adelantamiento en carretera. Por lo general, el coche pierde fuerza y velocidad, a pesar de poner otra marcha. Algo que le sucedía al Barcelona. De ahí los recursos. Aumentar los pases y “marear” al rival hasta que no veía una luz o resquicio. En el estadio del Manzanares, cambió de modelo. La rapidez de la recuperación se complementaba con el mismo ritmo y velocidad en el ataque.
Pensamos en el doble diamante, que ensayó Frank Rijskaard en su última temporada en la Copa de Europa (hoy, Champions League). Dos rombos que se abren y se cierran según las circunstancias. Una fórmula de fútbol total, que se despliega y repliega con mucha facilidad. También debemos añadir: dicho sistema funciona con jugadores livianos y bien preparados físicamente. Algo que no contaba en ese entonces el técnico holandés.
Sin embargo, el cuadro dirigido por José Guardiola-Francisco Vilanova, nos sorprendió al presentar una táctica ofensiva menos compleja y donde las luces están en la cabeza y no en el músculo. Una “W” que aumentaba el ritmo, sin preámbulos, y en una manera más directa en la consecución del gol. Las patas y los vértices se alargaban o reducían según el movimiento de los jugadores.
En definitiva, lo que observamos en la final de Copa ante el Athletic Bilbao. Un
acoso y derribo (3-0) por sorpresa… a menos toques y mucho más vertical.
Los dos cerebros del equipo (Xavi e Iniesta), que parece que juegan de memoria, pero con las luces encendidas son las patas  de la “W”. Ambos con las espaldas bien cubiertas. De ahí parte la velocidad y precisión para completar la transición. Presión-recuperación y un excelente “reprise”.
El ritmo aumenta, no disminuye, y la velocidad es de locos en la segunda y tercera línea. En el medio Messi y en el vértices de la unión –por dentro o por fuera–  de la “W”, Pedro Rodríguez y Alexis Sánchez. La diagonal del canario y la sorpresa en velocidad (más retrasado) del chileno.
Los movimientos con o sin balón se multiplicaron de forma inmediata. Sin dejar pensar al rival. Arrastraron a los zagueros del área, fijaron marcajes y abrieron espacios para fabricar los goles. Algo que, contado así, parece sencillo pero necesita una preparación minuciosa. Máximo si hablamos de precisión en el pase, precisión en las aperturas y precisión en los remates. Todo ello a una velocidad supersónica.

martes, 22 de mayo de 2012

CHAMPIONS: LA FINAL DEL “MIEDO”


Globo pinchado (Bayern) ante globo super inflado (Chelsea)
“En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen;
 la gran mayoría de los sueños se roncan”.
(Enrique Jardiel Poncela)

El madrileño Jardiel Poncela nos define –con su fino humor– de una manera directa lo que es el amor. El hombre coge una goma elástica de un extremo y la mujer desde el otro extremo. La goma se estira, y se estira… hasta que uno de los dos se hastía y suelta la goma y le da al otro en las mismas narices.
¡PaM!
Con el golpe en las narices se quedaron también los españoles que soñaban con una final de Copa de Europa entre Barcelona y Real Madrid.  Un fiasco estrepitoso del fútbol español. Incapaz de rematar a su rival tanto uno como el otro en las semifinales. Una vez más, es mejor ser “víctima” que favorito y está claro que  no sirve de nada jugar primero en campo contrario.
¡PaM, PaM, PaM y PaM!
Esto demuestra que Fernando Torres tenía razón. “No siempre ganan los mejores”. Una sentencia para los dos equipos que se quedaron sin la “décima” y sin la “quinta” y  sin apenas saborear la fiesta de la final de la Champions. El riesgo de jugar con tres defensas y la lamentable escena de los penalties en el Santiago Bernabéu. Parece una broma. Una broma pesada.
¡PiM, PaM, PuM!
Sin embargo, un Barcelona-Real Madrid hubiera dado más brillo y espectáculo a la final de la Copa de Europa. Soñar, dicen, no cuesta nada.
Muy diferente a los “ronquidos” de un match que nos ofrecieron Bayern Munich y Chelsea en donde prevaleció más el “miedo” que le fútbol propiamente dicho. 


 Miguel Miró
Un Globo pinchado (Bayern Münich) y de un Globo super inflado (Chelsea). Los babaros y los pensionistas. ¡Vaya motes!... pero así les llaman sus aficionados. Aunque los especialistas suelen decir “los reds” y los “blues”, como si se enfrentaran la selección chilena ante la francesa. Sin embargo, sobre el papel, un problema menos. No tuvieron que usar los uniformes suplentes… Ni blanco, ni negro.
El globo pinchado tiene su gracia. No suele ser normal que a la “bestia negra” del Real Madrid le birlen dos títulos en la Bundesliga. Dos copas. La Liga y Copa de Alemania. Las dos bofetadas en las narices se las dio el equipo revelación de la Bundesliga: Borussia Dormunt. Sin excusas y con ocho puntos de ventaja en 34 jornadas y por goleada (5-2) en la final copera. Sin excusas, ya que el cuadro muniqués puso a su equipo de gala. Otra cuestión ha sido la Copa de Europa, en la que estuvo sobrado en la fase de grupos y eliminó al Real Madrid en las semifinales “por haber preparado de antemano los penalties antes del match del Bernabéu”. ¡Qué ironía!
El globo super inflado, sin duda, corresponde al Chelsea. Con problemas y “missing” en la Liga se planta en la final de la Champions después de derrotar al entonces vigente campeón de Europa, FC Barcelona. También tiene su gracia.
Se impone al Liverpool en la Copa de Inglaterra, con polémica por cierto, pero se proclama campeón.
Algarabía para sus hinchas. Rompe todos los pronósticos en la Champions y deja boquiabiertos a los especialistas. “No pasa de la primera fase”. “Le eliminan en octavos… “No pasa de cuartos”… “No tiene nada que hacer frente al Real Madrid…” La matraca de la prensa inglesa que se quedó helada y retratada en cada una de sus previsiones. Hoy, amnesia repentina, por las nuevas circunstancias.
Y ya lo ven: ¡un entrenador “interino” planta al Chelsea en la final de Munich y la gana! Se mantiene vivo con un fútbol basado en la especulación, rácano hasta el aburrimiento y los “retazos” de un plantel de hace más seis años.
Quien acierta los pronósticos ha sido un fan inglés en un foro. Estaba convencido: Chelsea, campeón de Europa 2012. “Me baso, simplemente, en la hora del partido 19:15 (GM)… y el año que se fundó el club londinense, 1915”.
Su profesía da en el clavo y nos parece hasta simpático.
Aunque cualquier cosa podía pasar en una final a un partido. ¿Ventaja del Bayern? También la tenía el Manchester United en Wembley y perdió ante el FC Barcelona. ¿Ventaja del Chelsea?… Un equipo de “pensionistas” que juega para atrás como los cangrejos.
¿Cómo ha sido posible la victoria del equipo londinense?
Muy simple. Esto habría que preguntárselo a Jupp Heynckes, un entrenador “histérico” que cometió un error monumental a los 86 minutos del match y a partir de ahí… hasta los penalties.



¿POR QUÉ GANÓ EL CHELSEA?
El técnico del Bayern Munich sirvió en bandeja el triunfo al Chelsea. Tal vez por eso, los ingleses tendrían que agradecerle los “errores –que no servicios–  prestados”. Tres minutos después del gol de Müller que sorprende a Cech al botar el balón en un cabezazo inverosímil, Heynckes hace un cambio (86´: Van Buyten por Müller) y reconstruye la estructura defensiva del equipo y por ende el marcaje a Didier Drogba. Coloca en la zona ancha al ucraniano Tymoshchuk y al belga en la defensa.
¡Qué error, que inmenso error!
¿Cómo se le ocurre semejante barbaridad o “babaridad” si Tymoshchuk se había “comido con patatas” al marfileño con una presión impecable?
En ese minuto fatídico, el Bayern de Munich pierde los papeles... y pierde la Champions. Dos minutos después, en el primer corner que lanza Juan Manuel Mata a favor del Chelsea, Drogba completamente solo empata el partido (88´).
Ha sido como devolver la presión al conjunto muniqués y aumentar la autoestima a los británicos, que se triplicó después con la atajada de Cech a Robben en un penalty estúpido de Drogba a Ribèry. El guardameta que sabe muchos idiomas ha dejado el sello de su calidad en tres penalties: Robben (prórroga), Olic y Schweinteiger.

CERROJO INGLÉS
El cerrojo inglés no se asemeja al que inventó el austriaco Karl Rappan en la selección suiza durante los años treinta. (Los franceses lo bautizaron “verrou”). Un sistema en el que se asegura la defensa y se intenta sorprender en el contragolpe con jugadores veloces. Rappan tenía sus razones para el esquema, teniendo en cuenta las goleadas que recibía la selección helvética.
Los técnicos británicos al igual que los holandeses, en cambio, han sido unos expertos en el sistema defensivo. No sólo por la colocación de los zagueros sino en las fórmulas de salida, cruce, apoyo, relevo y presión, permiten que se le llame “zona de minas” a su propio territorio. Además de un marcaje mixto (al hombre y a la zona) suele ser importante la confianza del jugador, su rápida intuición y concentración a la hora de anticiparse.
El Chelsea, viene practicando el sistema defensivo desde hace más de seis años y se ha encasillado de tal manera que olvida a las demás líneas del campo. Hasta tal punto que mantiene en sus filas a un ramillete de jugadores que parece “no saben hacer otra cosa”.
Villas Boas, con ideas más avanzadas se encontró con problemas en la “cocina”donde mandaban los más veteranos. Roberto di Matteo, su asistente, no “revolucionó” para nada al equipo azul, al contrario retrocedió varios años para volver a jugar un sistema netamente defensivo. Se basó en los retazos de anteriores temporadas que le apoyaron.  ¿Triunfo de Di Matteo? Esto ha sido como las oportunidades… hay que cogerlas al vuelo.  La vieja canción del presidente de un club chico: “Todos atrás y a ver si suena la flauta”.
Y sonó esta vez la flauta de Bartolo.

EL MIEDO ES LIBRE
¿Hasta qué punto el técnico tenía pánico al rival? Lo demuestra en la alineación inicial. Los jugadores más veloces del equipo, Studrridge y Fernando Torres, se quedaron en el banquillo. Todo el juego ofensivo estaba basado en Drogba, únicamente Drogba. Un sistema del miedo o al que cualquier aficionado añadiría “más ración de antifútbol”: 1-4-4-1-1. Esperpéntico. Di Matteo hace debutar a Bertrand para tapar las subidas de Lahm y como ayuda de Cole para frenar a Robben. La otra banda, algo similar: Kalou y Bosingwa. Obi Mikel siempre atento a los movimientos de Müller y las diagonales de Ribèry. 
Y curiosamente le da la “batuta” a José Manuel Mata como segundo escalón para llegar al marfileño. Para más inri, baja a Lampard en el puesto de Terry como pantalla o punta del triángulo en el área junto a los dos fullbacks, Cahill y David Luiz. La faceta defensiva funciona por los erráticos disparos del Bayern Munich y la férrea presión, anticipación y concentración del equipo londinense. El resultado total en el primer tiempo: raquítico. Dos tímidos contraataques ofensivos (galopadas de Beltrand y Kalou) y Drogba, sin tocar bola, anulado completamente por Tymoshchuk y vigilado por Boateng.
La entrada de Fernando Torres le dio otro aire, aunque por poco tiempo. Primero, porque sus compañeros no le pasaban el balón y segundo, por los gritos del entrenador y ayudante que se escucharon en todo el estadio: “¡Atrás, atrás!” Y el español tiene que bajar para ayudar a Cole en la retaguardia. La estratagema, “comer minutos”. Se acusa el golpe del gol de Müller, pero pronto se le abre el cielo tras el primer cambio Heynckes, que permite el empate del Chelsea a través de Drogba. Completamente solo recorre las barbas del área, ante la pasividad de los defensas, para conectar el cabezazo en el único corner que tiró el equipo inglés. 



¿POR QUÉ PERDIÓ EL BAYERN MUNICH?
Le falta en esta final la paciencia del campeón. Especialista en “abrir” latas y soportar la resistencia de su adversario, hay más desatino que acierto. No sabe aprovechar el control del partido y toma demasiadas precauciones defensivas. La tensión de su público, en lugar de beneficiarle… le perjudica. No logra mantener la cabeza fría en los últimos metros, y si bien genera más de 20 ocasiones de gol, los delanteros se muestran como “novatos”: precipitados e imprecisos en los remates.
Es el único equipo que elabora fútbol y por ende, el que más desgaste físico realiza durante los 120 minutos del match. No cambia su sistema (1-4-2-3-1). Y acierta en los sustitutos de los tres sancionados. La experiencia de Tymoshchuc en el puesto de central en el marcaje a Drogba; la entrada de Contento (menos ofensivo que Alaba) y la colocación de Müller en la segunda línea del ataque, retrasando a Kroos (Luiz Gustavo) para formar pareja con Schweinteiger en la zona de operaciones del equipo.
Tal vez aprietan demasiado el ritmo en los primeros 25 minutos, buscando “liquidar” pronto el partido. No hacen pausas. Igualmente se toman demasiadas precauciones en la retaguardia. ¿Temerosos de los rápidos contraataques del adversario? Mas bien un sanbenito que le “colgaron” los especialistas que pesa, todavía, como una losa entre los jugadores y técnico. Además, la “paliza” del Borussia Dortmund en la Copa de Alemania estaba todavía fresca y pesaba lo suyo… y la irregularidad en la Bundesliga.
El andamiaje en la retaguardia no tiene mayores problemas porque el Chelsea solo disponía de un delantero y carecía de volantes ofensivos que subieran al área. Hubo un detalle, sin duda, importante, la falta de movilidad de Kroos como lanzadera a los delanteros. El volante alemán está más pendiente de los movimientos de Mata en lugar de elaborar fútbol, y Müller tampoco realiza un gran partido. Ante todo por su ineficaz recorrido –horizontal y diagonal– en busca de sorprender dentro o fuera la tela de araña montada por su rival, y el trabajo del nigeriano Obi Mikel con unos reflejos impresionantes.

UN FARO INTERMITENTE Y SIN LUZ
Otro de los detalles importantes en el Bayern Munich, es la labor de Sebastián Schweinteger, intermitente y a veces ausente. El cerebro alemán le faltan las “pilas” para poner luz al juego muniqués. En ningún momento, quizá por el miedo en el cuerpo, carga en sus espaldas con la responsabilidad del equipo. No se aprecia sus verdaderas cualidades, sus genialidades como arquitecto del juego. ¿Su larga lesión, su cabeza? Más bien su juego “mecánico”, sin chispa, y también por su doble trabajo en el campo.
Las precauciones y el miedo obligaron a cerrar todos los huecos en su territorio y el equipo se “rompe” en dos al no llegar el gol. Sí, en dos, porque nada tenía que ver la línea de ataque que trabaja a 100km/hora y la pasividad del sistema defensivo “sin labor a realizar”. De ahí la falta del espectáculo, lo sombrío y mecánico del juego que no satisfizo a casi nadie.
Pese al autobús del Chelsea, sí hay elaboración y riesgo del trío atacante alemán. Encuentran espacio a la maraña de piernas. Lo intenta Ribery, Robben y Mario Gómez y algunas llegadas de Müller, desde atrás. Lo demuestra la cantidad de ocasiones “perdidas”, y la precipitación manifiesta en sus disparos. Sin embargo, de tanto perdonar y fallar es lógico que termine pasando factura y se acabe la frescura de ideas de los delanteros.
Pocos errores comete en defensa el conjunto muniqués, pero es suficiente un fallo del entrenador, a tan sólo cuatro minutos del tiempo reglamentario para “regalar” el empate y aguantar un tiempo extra y los penalties. La entrada de Olic –goleador y con su traspaso en el bolsillo–  tampoco supune la solución. Marra un gol de libro y también un penalty  (Robben se negó) en la dichosa tanda.

PENALTIES Y TORRES
Ricardo Pavoni, estrella del Independiente de Avellaneda, especialista en lanzar penalties, dijo sin rubor:
“Yo siempre apunto a la cabeza del guardameta, lo que más se mueve”.
Habría que recordar que Pavoni tenía una pierna que era un martillo (lo mismo que Puskas y Sanfilippo, entre otros).
Un problema que se suscita en la final: los penalties y las “dos torres”. La altura y los brazos largos de los dos porteros, Cech y Neuer. Los dos miden cerca de dos metros. Y como todos los aficionados saben lo que les pasaba a José Ángel Iribar o Lev Yashin, se “comían” los tiros rasos pegado al palo. Por ese motivo –salvo Lahm y David Luiz– todos los penalties se lanzaron fuertes, rasos y junto al palo. Una verdadera lotería. Olic y Mata lo hicieron a media altura y fallaron. Pero el destino estaba trazado en el último penalty que correspondió a Schweinteiger.  Se le cruzaron los cables y el Bayern Münich no pudo igualar el record del Internazionale de Milán. El único equipo que ganó su segunda Copa de Europa –ante el Benfica–  en el estadio de San Siro el año 1965.