miércoles, 13 de junio de 2012

IDIOSINCRACIA O LA “DE DIOS SIN GRACIA”

Si España pone un “9” juega con 10 ante Italia, vestida de “Juve”

La idiosincrasia. ¡Ay! La “de dios sin gracia”.
Los españoles no tenemos –salvo excepciones– término medio. Nos vamos de un extremo al otro a una velocidad estratosférica.
¿Y la reflexión?
Todo lo español es bueno…buenísimo o malo…malísimo.
¿Será por nuestra lengua? Nos sirve para discutir en lugar de hablar –decía Amando de Miguel– aunque no tengamos argumentos claros para discernir.
Nos traiciona, muchas veces, nuestro carácter ¡caliente, caliente, caliente! y así nos va. Del blanco al negro y del negro al blanco.
Por eso pasamos del Cielo al Infierno en cuestión de segundos.
La exagerada euforia montada por los Medios de Información y también la publicidad, que muchas veces es engañosa, nos ha desfigurado la realidad. Hasta tal punto que ponía a selección española en los altares y condenaba al infierno a la transalpina. ¿Se olvidaron de la trayectoria y las virtudes de la tetracampeona del mundo?
Ahora los mismos Medios de Información que antes multiplicaban sus alabanzas al equipo, critican sin piedad a la selección española.
El mundo al revés…
Bajemos de las nubes y pongamos los pies en la tierra.
Alemania, España e Italia siguen teniendo la vitola de favoritos junto a Rusia y posiblemente Francia. Acaba de empezar la Eurocopa de Naciones.
Intentaremos analizar el match sin acaloramientos. Un match intenso y táctico, entre dos clásicos del fútbol Europeo.


Miguel Miró
La “tijera” defensiva de Italia no es un invento del seleccionador nacional Cesare Prandelli, sino de Antonio Conte actual técnico de la Juventud de Torino, que destronó al Milán para ganar el “scudetto” del Calcio Italiano 2011-2012.  Conte, natural de Leche, ex jugador  y líder “bianconero”, ascendió a dos equipos a la Serie A (Bari y Siena) antes de dar el salto a la “Vechia Signora”.
El sistema defensivo le llamamos la “tijera”, porque se abre y se cierra según las circunstancias, pasa de tener tres zagueros a contar con cinco para cerrar todos los espacios.
¿Por qué optó este sistema Prandelli? Muy simple, seis campeones de la Juve figuran en el combinado trasalpino: Buffon, Bonucci, Chiellini, Pirlo, Marchisio, Giaccherini… además de Giovinco (Parma) y Nocerini (Milan), que proceden de la cantera del club juventino.
SI ESPAÑA PONE UN “9”, JUEGA CON 10
El sistema de la “squadra” italiana consiste, pura y llanamente, en tener siempre las espaldas cubiertas. Un sistema defensivo bien estudiado –dirigido por los jugadores de la Juve– que se abre y se cierra con las líneas bien juntas. Es falso que juegue siempre con tres zagueros. Cuando se cierra cuenta con cinco hombres. Vamos a explicarlo. Empieza con tres zagueros centrales (Bonucci, De Rossi y Chiellini) y vuelve a la misma posición al recuperar el balón. Bonucci y Chiellini se abren a las bandas, y bajan automáticamente Marchisio y Mota, para apoyar a De Rossi (fullback: último hombre antes del guardameta). Automáticamente, los laterales suben a la segunda línea con proyección de extremos desde atrás. Los que dirigen la orquesta son Pirlo y Giaccherini. Igualmente cuenta, con dos delanteros peligrosos y rápidos: Casano y Baltelli.  Si añadimos que el bloque azzurri se mantiene siempre en su campo (a excepción de sus dos delanteros) hubiera sido un suicidio poner a un “9” o un delantero en punta. Del Bosque optó por Fábregas, porque tiene llegada y así jugaba en el Arsenal, en la jerga futbolística en “dos aguas”. En caso contrario, España hubiera jugado con 10 jugadores… y un delantero perdido en un enjambre de piernas y dos líneas de ocho jugadores.
Además, no debemos olvidar la trayectoria de Italia y la preparación física y técnica que poseen. Nunca es un rival fácil. Pero hay algo más importante que debemos tener en cuenta: son los reyes de la presión. Auténticos especialistas.

 
MUCHA PÉRDIDA DE BALÓN
¿Jugó España con delanteros? Por supuesto que sí: los más adelantados fueron Silva, que llegaba en diagonal desde la banda derecha y Fábregas, que se movía en vertical en las proximidades del área italiana y ayudaba en la presión en la línea de volantes. En el primer tiempo, también llegaron desde atrás Xavi e Iniesta.
El problema de España no estaba en el “9”, sino en el estrecho marcaje de los azzurri con el andamiaje defensivo y la pérdida constante del balón en el centro del campo. Si añadimos el “engaño-Pirlo”, muy retrasado y volcado a la banda izquierda, podemos comprender el error de Busquets, alejado de su posición  y empeñado en seguir al cerebro del adversario.
Ese ha sido el primer fallo del conjunto español (Stopper 2).  Pirlo apenas atravesó la línea central del campo y Busquets dejaba un boquete enorme en la contención de la segunda línea. Giaccherino, sin embargo, cogió los galones y fue el trampolín de lanzamiento para abastecer de balones a los delanteros. Su efectividad en los pases rozó la perfección (93%). La fácil llegada de Cassano en diagonal, que mantuvo en vilo a Arbeloa (espeso y lento) y la movilidad de Balotelli, que frenaba las subidas de Alba y mantenía en jaque a Alonso y Ramos.
Busquets se entusiasmó mucho en las subidas (El Barcelona lo pagó varias veces estas circunstancias y por eso, José Guardiola le mantuvo atrás en la final de Copa). El cabezazo de Mota no se hubiese producido si el stopper 2 hubiera estado en su sitio.
Igualmente, la pérdida del balón ha sido por la presión italiana, y la tensión multiplicada por dos que supuso para los jugadores en su primer partido. La “machacante euforia de los Medios de Comunicación”. A pesar de la calidad y la profesionalidad que atesora el equipo, las botas llegaron a pesan 100 kilos y los tacos no se entierraban bien en un campo seco y césped alto donde el balón no rodaba.
Asismismo,  Javier Alonso (Stopper 1) se volcó sobre la banda izquierda, ante las subidas esporádicas de Alba –inconsistentes, porque hacía el fútbol del cartero– y Ramos cubría las espaldas. Bien, suponía un apoyo, pero Alonso se preocupaba de un pasillo, pensando quizá en el regreso de Busquets. Ninguno de los dos llegaron a tiempo para tapar  el centro de la zaga en varios contraataques de la selección italiana.
Otro detalle importante: la barrera en el tiro libre de Pirlo estaba mal colocada, menos mal que Casillas estuvo concentrado. El volante italiano no tuvo que levantar el balón con rosca. Había un boquete de medio metro. Por ahí colocó la pelota, a la derecha del guardameta.

APERTURAS POR BANDAS Y MÁS VELOCIDAD
Tales desajustes  –la posición de los dos stoppers– se corrigieron en la segunda mitad. Y España volvió a recuperar el balón  en la línea media. Las alas de “red bull” surtieron el efecto deseado entre los jugadores. Mayor movilidad, desmarque y velocidad. Sin embargo, España se volcó en demasía por la banda izquierda. Buscando la genialidad de Iniesta (más adelantado), pero olvidándose de Silva, en la derecha.
Las subidas de Alba fueron más efectivas y agresivas, Xavi tuvo más comunicación con Fábregas y se colocó al lado de Pirlo. El panorama fue distinto, hubo más profundidad y más ambición. Y se prodigaban – ahora, sí – las combinaciones entre líneas. El dominio de España propició muchas oportunidades.  La zurda de Iniesta, la más clara, que Buffon despejó con la punta de los dedos.
La dinámica cambió, porque la selección trasalpina había realizado un desgaste “de caballo” en la contención y recuperación. No obstante, seguía teniendo gasolina para el último trámite del match. Y como algo inevitable, las líneas dejaron de estar bien “juntas” en el dispositivo defensivo azzurri.
Llegó, entonces, el cortocircuito de Ramos, al intentar dar un pase hacia atrás desde la banda y dejó prácticamente solo a Balotelli ante Casillas. Pareció tan fácil para el italiano que dudó antes del remate y el defensa español se la jugó en el contacto y posible penalty en el área pequeña.
El cortocircuito fue la antesala del gol azurro, cuyo origen parte de un “robo” de balón de Giaccherini con pase de primera a Pirlo. También hubo dudas en la entrada a Pirlo (Xavi y Busquets) y la velocidad de Di Natale – sustituto de Balotelli – hizo el resto. Menos mal que la reacción fue inmediata. El pase y la realización, una obra de arte. El giro en una baldosa de Silva, picando el balón entre dos defensas y la zurda del “tan criticado” Fábregas.
Menos mal, sí, porque se aprovechó la alegría italiana y los azurri no se replegaron en masa en la cueva, como suelen hacer muchas veces.

SE MIDEN LOS TIEMPOS
El técnico español, además, supo usar el crono para medir los tiempos. Al ver el cansancio lógico de los italianos y la apertura de los espacios (las líneas se abrían), optó primero por un “misil” con Navas para romper la banda derecha y 10 minutos después, la entrada de Fernando Torres con la idea de “matar” el partido. Todo hubiera salido correcto si el “9” marca sus dos ocasiones clarísimas.
En la primera, Buffon adivinó el dribling por fuera, pero dejó una pierna atrás por las dudas, y en la segunda el delantero percibe a Navas a su derecha, pero la salida de Bufón a la desesperada le obliga a probar la vaselina.
Un match intenso, emocionando y sumamente táctico en el que se ha podido apreciar un fútbol de alto voltaje. Italia “vestida” de la Juventud y España en su línea, contrarrestando en el segundo tiempo el férreo y singular sistema defensivo de su rival.
Lo demuestra la posesión del conjunto hispano (66%), los disparos (15-9) y las oportunidades de gol entre los tres palos (9-3). Pero también hubo detalles interesantes. La impecable labor de Piqué y de Rossi; la agresividad de Alba y Maggio (2T)… Busquets –que perdió muchos balones en sus 129 pases– imitó a “Drogba” en un corner lanzado por Xavi. Sale del segundo palo hacia el punto de penalty.
El im-pre-sio-nan-te trabajo de Giaccherini (recuperación y jefe del contragolpe); el temple y lo desequilibrante que supone Iniesta cuando se sitúa de volante ofensivo. Los pases “mágicos” de Silva a Fábregas en el empate y de Giovinco a Di Natale, que casi, casi.




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