viernes, 29 de junio de 2012

PORTUGAL: “SOLOMÚSICA”

España, con “traje de faena,”
cambia la música en prórroga

Es ciego quién no quiere ver.
Es sordo quién no quiere oír.
Es mudo quién no quiere hablar.

 Vicente del Bosque lo anunció:
“El fútbol deja lecciones, siempre se aprende de los demás”
(¿Qué quiso decir? Hemos aprendido mucho de nuestros rivales y la forma de “negociar” con el crono los partidos).
Y en la conferencia de Prensa, previa a la semifinal ante Portugal, advirtió:
“Tenemos que defender con el control del balón”
(¿Qué quiso decir? Nos vamos a poner el traje de faena para el despliegue ofensivo de nuestro rival. Vamos a defender con orden y disciplina sin perder el control del balón).
Los Medios de Información en la Eurocopa de Naciones 2012 publicaron sus palabras. Están escritas en letras de imprenta. Por supuesto que sí. Pero nadie advirtió el sentido. Nadie puso énfasis en su verdadero significado. Del Bosque sabía que el poderío de Portugal se basaba en su fútbol netamente ofensivo.
Además de sus tres delanteros (Nani, Almeida y Cristiano), también cuenta con medios y laterales con llegada. Joao Pereira, Veloso, Meireles, Moutinho y Coentrao… también les gusta pisar el área. Y por último las apariciones puntuales en los corners y tiros libres de Pepe y Bruno Alves. En una palabra, todos los titulares excepto el guardameta. Un fútbol-total y al ataque.
No es un análisis previo, son “las piezas” sobre el tablero del campo. Sin olvidar, tampoco, el partido de los lusos antes los alemanes. Se demostró claramente que Portugal no sabe defender, lo mismo que su seleccionador al poner cinco zagueros o llenar el área como recurso. Y el último amistoso antes de la Eurocopa de Naciones, Polonia-Portugal (0-0) donde su poderío está en el ataque y el despliegue dura medio tiempo.
Sin embargo, aunque la música suena bien, a veces aparece un equipo (como el caso de España) que no le impresiona la “Caballería Ligera lusa” y frena cada una de sus intenciones.
Existe un pequeño detalle que tampoco se fijaron los informadores:
Portugal es mucha música…pero poco gol.
En los 120 minutos del match contra España el casillero del equipo luso se quedó a CERO, en los disparos a los tres palos. Un “cero” más grande que un plato, un ovni o la misma luna. Y Cristiano Ronaldo estuvo “missing”, a pesar de tener en sus botas la victoria de su equipo al final del tiempo reglamentario.


Miguel Miró
Abundamos sobre la música por la portada de la revista O Jogo. El mismo día del partido Portugal-España, decía: “E tempo de mudar a música” en el que añadía un dibujo de dinamita y un reloj en la que sonaba: “tiqui-taca”.  Y el periódico deportivo luso Record, para no ser menos, titulaba en cinco columnas:
“Día de asalto aos quatro anos de ditadura espanhola”  resaltando a su estandarte Cristiano Ronaldo, cuando Nani es mucho más completo técnicamente que el “inflado e infravalorado” madridista.
En una palabra, tanto una publicación como otra no merecen ningún tipo de comentario en sus titulares: se degradan por sí solas.
No vamos a quitarle méritos, sin embargo, a la selección portuguesa durante los primeros 55 minutos. En el que demostró todo su repertorio.  Es el fútbol que todos queremos ver. Por su disposición a un ataque feroz y contínuo. Algo que satisface a todos los aficionados. Sean forofos, buenos o malos, y lógicamente los que aman y entienden de fútbol.
Por ese motivo, todo el estadio se puso de inmediato a favor de Portugal, pero tenía delante a una selección que supo contrarrestar la alegría de su fútbol de manera inteligente. Con pausas y con ritmo –y aunque le coloquen el san benito del “tiqui-taca”–  no utilizó las jugadas a un toque y tampoco puso la tercera velocidad. Una cobertura segura y firme apoyada por un trío que se puso el “traje de faena” (Xavi, Busquets y Alonso) recostado en el colchón de la última línea.


DEFENDER SIN PERDER EL CONTROL DEL BALON
La selección española sabía de antemano que el rival no le iba a “regalar” el balón y tuvo que conquistarlo. La entrada de Negredo ha sido un auténtico “tapón” preparado por Del Bosque, para evitar la salida de los dos centrales (Pepe y Alves). Su misión, aunque simple, suponía moverse en el área sin balón.
Igualmente, los movimientos de Iniesta, por la izquierda y Silva, por la derecha, obligaban a desdoblarse los dos laterales lusos (Joao Pereira y Contrao), en carreras que superaban los 80 metros e incluso a quedarse retrasado por el guión Nani, mientras que Veloso hacía las veces de “escoba” en los contragolpes del equipo español.
La otra premisa importante: las líneas muy juntas, en un espacio de 25 metros en la zona central. Al tener las distancias más cortas y la zona a lo ancho, el desgaste físico suponía un ahorro de energía muy superior, al derroche de su rival en 85 metros. Además, el repliegue se realizó siempre ordenado, sin llegar, salvo ocasiones, a esconderse en la “cueva” (el área). Bordeaban el área sin perder el control en los marcajes al hombre a la zona.
El sentido posicional de España, no sólo consistía en dosificar el aspecto físico. No. Buscaba también dos líneas de choque para contrarrestar –un escudo– el fútbol alegre del adversario. Todo tenía su explicación.
Igualmente el plan preconcebido para el match fue perfectamente ejecutado por los jugadores españoles. De ahí las “enseñanzas” de otros enfrentamientos. Los casos de Croacia o Francia son todo un ejemplo. Utilizaron el reloj para dar la puntada en el segundo tiempo (60 minutos), aprovechando el cansancio del conjunto español.
Ese ha sido el factor por el cual España se prodigaba más en los contraataques y aseguraba mucho más el balón en cada uno de los sectores del campo. Aún así, creó más ocasiones de gol que su oponente y hasta Negredo mantuvo en vilo a los zagueros en dos jugadas.
Sin embargo, lo que más entraba por los ojos, con razón, fue el juego ofensivo de Portugal, con un gran desgaste infernal de músculo que terminaría “pagándolo”.

LAS TRES MARCHAS
En las últimas bocanadas de oxígeno del rival, surge el primer cambio en el equipo español. Fábregas sustituye a Álvaro Negredo, que sirve como centro de unión a las subidas de Iniesta y Alba, y alguna aparición de Alonso. Pero tan sólo es la primera marcha, el arranque (55´).
España se prepara para aprovechar el desgaste de su adversario.
El cambio de Navas por Silva (61´), también es para abrir más el campo por las bandas. Además, la estrella del Manchester City estaba agotado por su labor de recuperar y aguantar el balón en la zona derecha. Navas, por su parte, tiene características distintas. Otro de los apoyos (la segunda marcha) por sus escapadas y centros. La pretensión es abrir el campo.
No obstante, en los últimos 25 minutos los portugueses, ya con la lengua fuera, exageran en hacer teatro, protestan al árbitro y abusan del juego duro. Jorge Alba es el más golpeado (Pereira, en la tibia dentro del área (68´) y dos planchas alevosas de Nani (74´) y Meireles (78´). Además, las reiteradas faltas de Alves y de Pepe, más en la zona central que en la retaguardia. Portugal, por falta de oxígeno, se descompuso y abusó del juego antideportivo.
La tercera marcha es la velocidad (La tercera). Ya, del Bosque, piensa en la prórroga. Entonces, aparece Pedro (87´) para unirse a Alba en el ataque por la izquierda, mientras que Iniesta se coloca en el centro, como mediapunta y Navas en la otra banda. La salida de Xavi –como las dos de Iniesta en los últimos partidos– estaba programada de antemano. Por su trabajo sordo y gris no destacó, pero ha sido muy eficaz en labores defensivos.
OTRA MÚSICA…CELESTIAL
Más despierto, más fresco y con mayor velocidad el equipo español realizó su mejor fútbol en la prórroga. En la media hora de juego hizo méritos más que suficientes para conseguir la victoria, matar el partido y pasar del lanzamiento de penalties. La punta de los dedos de Rui Patricio fueron providenciales en el disparo envenenado de Iniesta, nada más empezar el tiempo extra. El tiro libre de Ramos también llegaba marchamo de gol.
Lo mismo sucedió con la zigzagueante carrera de Pedro y al final, el remate de Navas que se encuentra el guardameta luso y Pepe en el área pequeña. Sin embargo, el destino quiso que se llegara a los penalties. Y España ganó, como en 2008, el pase a la final por la pena máxima de Francisco Fábregas.
¿POR QUÉ PERDIÓ PORTUGAL?
El equipo luso realizó un primer tiempo espectacular. Con un fútbol de muchos recursos, en el plano técnico-táctico y claramente total y ofensivo. Un despliegue en velocidad y cambios ritmo y de frente que parecía que se comía el campo. Al mismo tiempo un repliegue impresionante. Un ritmo tan vertiginoso que daba la sensación de querer “sentenciar” el partido en la primera media hora.
La defensa empezó con una línea de cuatro, que a veces aumentaba a cinco, según las circunstancias. Un hombre escoba (Veloso), tres volantes (Nani, Meireles y Moutinho–organizador) y dos delanteros (Almeida y Cristiano). Y en todo el campo el marcaje fue al hombre. (Un auténtico suicidio, por el físico no aguanta todo el partido).
Nos sorprendió la posición de Nani tan retrasado, y Joao Pereira desbordando por la banda. Practicó un fútbol-total de ida y vuelta en la salida y el repliegue. El otro problema añadido ha sido que su dominio, aún siendo total, no encontró el camino del gol. Abierto y poblado por las bandas consiguió momentos de apuros para los defensas españoles, mientras que por el centro se encontraba con dos escudos muy difíciles de superar.
En la parte ofensiva se dibujaba columnas de tres hombres que basculaban, pero se estrellaban ante una doble línea bien plantada del rival. Su juego, enormemente vistoso, empezó a flaquear con las pérdidas de balón en el centro del campo –lo mismo que su adversario en los primeros minutos de partido– y si añadimos la falta del gol, su desgaste en el campo fue doble. En la parte física (el ritmo era brutal en las carreras de ida y vuelta) y también en la mental al no conseguir su objetivo.

NO PUDO REPETIR
En la segunda mitad la “gasolina” duró 10 o 15 minutos. Los jugadores no podían repetir la impresionante actuación del comienzo del match. Ahí fue cuando España recuperó el balón y el juego. Y Portugal puso en práctica las artimañas que están “matando” al fútbol luso. Las protestas a las decisiones arbitrales (alimentadas por los periódicos de su país). Y trucos que deberían ser erradicados en los terrenos de juego.
Aún así, con la lengua fuera, pudo ganar el partido en los últimos minutos. Un contragolpe en velocidad, con desventaja para España (4 ante 2 defensas), confiaron el último pase a Cristiano que incomprensiblemente falló delante de Casillas y toda la portería a su favor. Su remate, en velocidad, salió fuera.
En la prórroga, España “borró” completamente a Portugal. Cuestión de suerte porque se defendió como un gato panza arriba.
Y… en los penalties los lusos cometieron dos errores imperdonables. El primero, las instrucciones que “marearon” al guardameta, Rui Patricio. La recomendación más normal: dejarle tranquilo y no molestarle para que se centre. El otro fallo ha sido la carrera inoportuna de Nani para tirar el penalty él, cuando Bruno Alves ya estaba pisando el área. Alves lo falló, un turno después.
 ESTADÍSTICAS


POR

ESP
Posesión
36
64
Territorio
0
100
Tiros/tot
8
11
Tres palos
0
4
Faltas
31
21
Off-side
2
3
Corner
6
4
Pases /tot
384
688
Pases/mal
137
154

martes, 26 de junio de 2012

FRANCIA, VUELVE A CASA


España: fiel a su estilo, su identidad y control del balón

La paciencia, a veces, termina por irritar. Sobre todo para todos aquellos que son impacientes. Lo quieren todo para ayer. Y se vuelven histéricos ante los llamados “parasimpáticos”. Las prisas, a veces, no son buenas.   
La paciencia bien interpretada, dicen, es un árbol amargo que produce unos frutos muy dulces.
En los deportes pasa lo mismo. Se suele llamar “la paciencia del campeón” en todas las especialidades individuales. Y resulta imprescindible en los equipos de alta competición, incluido el fútbol. La palabra lo dice todo: foot-ball association. Un deporte asociado e unido.

Miguel Miró
Se puede especular en la fase de grupos. Más antes que ahora, en que la victoria sumaba 2 puntos y el empate 1. Hay que hacer números, de cualquier manera. Sin embargo, en las eliminatorias (a un partido, todas son finales)  se cuenta con un tiempo limitado. Dos tiempos de 45 minutos.
Hay que negociar los minutos, los segundos y el tiempo basura del descuento. Todo se debe negociar antes y durante el match.
La paciencia para atacar, para esperar un fallo del rival, para dosificar energías, para defender... Los minutos pueden ponerse a favor o en contra.
La paciencia del “jugador libre” y  sangre fría del goleador. Nos da igual el número que tenga, sea 21, 10 o 14…o 49, la cuestión es el gol.
El partido entre España y Francia ha sido muy interesante. Con fases de fútbol de alto nivel y también momentos de incertidumbre. Interesante por la intensidad e igualmente en lo que respecta a lo técnico-táctico y físico.

¿POR QUÉ GANA ESPAÑA?
España mantiene su identidad, sigue fiel a su estilo y demuestra, una vez más, su confianza absoluta a su sistema de juego. Vicente del Bosque hace pocos cambios en el equipo inicial (fiel también a montar un sistema de acuerdo a las características de sus jugadores). Ante Francia, recupera a Francisco Fábregas y sienta a Fernando Torres.
El dibujo no difiere de un 1-4-2-3-1 que se transforma en 1-4-3-3 en el ataque. Una línea de cuatro zagueros (Arbeloa, Piqué, Ramos, Alba), dos stoppers (Busquets-Alonso), tres volantes creativos (Silva, Xavi, Iniesta) y un teórico delantero, Fábregas en calidad de jugador “libre”.
Nada más salir consigue una ventaja: Laurent Blanc tiene que cambiar el dibujo de su equipo, porque a priori piensa que Fernando Torres iba a ser el titular. Y en lugar de “esperar” en la cueva se ve obligado a adelantar sus líneas al centro del campo, bien juntas para tapar los espacios.
Ante dicha disyuntiva, la selección española se hace con el control del balón, y el rival apenas lo huele. Triangulaciones al primer toque en velocidad y buscando las espaldas de los zagueros. Música celestial. España se convierte en una orquesta sinfónica. Crea ocasiones de gol y domina la situación de una manera espectacular.
Ya, en los primeros minutos deja clara sus intenciones. Alonso avisa desde larga distancia. Y precisamente, llega el primer gol del partido. Una jugada de Iniesta-Alba, por la izquierda, y la remata el stopper libre de marcaje. Un cabezazo de Alonso, con bote incluido, al segundo palo de Lloris.

BAJA EL RITMO
La música, pese al intenso calor (32 grados), suena bien. Muy bien. La intensidad del juego de España aumenta (como el volumen). La defensa, escalonada. Suben los laterales, y Xavi se encuentra cómodo. Más retrasado, con las espaldas cubiertas por Busquets. Alonso, más adelantado, cubre los huecos que dejan sus compañeros y sube contadas veces. Vuelve a probar, otra vez, pero esta vez desde la derecha. Silva se asocia con Fábregas, mientras que Iniesta, con menos activo que otras veces, acompaña sobre la izquierda. Se producen combinaciones interesantes, relevos y gran control de balón.
Sin embargo, el ritmo vertiginoso de la primera media hora se rebaja. La pausa sirve para una reagrupación de los jugadores en labores defensivas. No se trata de un descanso, sino de dosificar energías. En los últimos minutos, también se aprecia la seguridad y regularidad del sistema defensivo español, como la eficacia de Casillas en momentos puntuales.
El primer tiempo tiene un claro dominio español, con la ventaja de un gol. Si bien no acertaron en la última puntada Fábregas e Iniesta para aumentar  el tanteador, la selección ofreció todo un concierto de fútbol. Calidad, buen juego y superioridad en todas y cada una de las acciones.

SE MUEVEN FICHAS
En los primeros compases de la segunda mitad el juego, se ven las intenciones del equipo galo, aunque sin gran convicción. La defensa de cinco y la subida de los laterales por las bandas. Después, con los cambios, por el despliegue del rival y la presión, en la zona del área (salida de balón en la portería) sorprende a España, pero pronto se reagrupa el equipo.
¿Qué hace Del Bosque?
Saca a Pedro para aprovechar los boquetes que dejaban los laterales, especialmente por el lado de Clichy. A renglón seguido “rompe” la línea de cuatro zagueros con la entrada de Torres. Y ante la presión de Francia por conseguir el empate (cuatro delanteros), Xavi empieza a montar contragolpes a diestra y siniestra, al comprobar la zona poco poblada del centro del campo y darle oxígeno a la cobertura.
La salida de Cazorla tiene una doble vertiente, colocarle en la derecha para poder apoyar a Arbeloa, que tenía problema ante los regates de Ribèry y subir por banda derecha en los contraataques.
Sin embargo, Pedro es quien rompe todos los esquemas del rival por su velocidad. Y él sería quién se inventa dos ocasiones de gol. Pase al compañero y la entrada en el área, que es derribado por Revelliere. Un penalty ejecutado por Alonso –engaña a LLoris con un movimiento del cuerpo, se perfila para un lado y le pega al otro– para poner el 2-0 en el marcador, al borde de la hora reglamentaria. 

¿POR QUÉ PIERDE FRANCIA?
Laurent Blanc dijo, después de ver el Croacia-España: “Los croatas nos enseñaron el camino. Demostraron lo que hay que hacer contra España. Cada vez que se abría una posibilidad, atacaban e iban a por ellos”. Jugar a la defensiva y tapar todos los espacios a la selección española para mantener el 0-0 y jugar con el crono en la segunda mitad.
El técnico galo no lo dijo en broma. Lo demuestra en el campo, durante el primer período. Empieza con un clásico cerrojo de 1-4-1-4-1, que por las circunstancias se convierte en 1-4-5-1-. La pretensión: cerrar todos los caminos a España. La línea de zagueros está formada por Revelliere, Rami, Koscielny y Clichy. Un stopper por delante (M´Vila), otra barrera de cuatro en la zona central: Debouchy, Cabaye, Malouda, Ribèry y un solo delantero, Benzema.
Introduce demasiadas variantes (cinco jugadores -casi 50%) y se prodiga en ponerle “candados” a las bandas sacrificando al lateral ofensivo y al delantero estrella. La banda derecha, un tapón doble, Revelliere –jugador veterano– y Debouchy, mientras que en la izquierda ocurre algo parecido: Clichy-Ribèry.
Y para más inri, Benzema se perfila a la banda derecha. Una situación incómoda y estática que apenas le permite desarrollar su juego sin balón.
El plan aparentemente es el mismo de Croacia. Aguantar el 0-0 en el primer tiempo y buscar la victoria en la continuación. Sin embargo, el seleccionador galo se le olvida un pequeño y gran detalle: Francia no es Croacia.
Además, el equipo no está acostumbrado a una defensa a ultranza. La selección “bleu” dejó entrever en la fase de grupos que le gusta tener el balón y técnicamente cuenta con jugadores de notable calidad.

FRACASA LA REVOLUCIÓN
La revolución tenía que fracasar por sí sola. Por la lentitud de Malouda, el trabajo defensivo de Ribéry, la descolocación de Benzema, la doble tarea de Cabaye… y las ausencias más que notables de Nasri (organizador, Manchester City), Ben Arfa (volante ofensivo y goleador del Newcastle), Diarra (Olympique Marsella, titular en la fase de grupos), Evra (Manchester United), Giraud (goleador del Montpellier) en el banquillo.
Para colmo “el candado” de la derecha salta en mil pedazos. El despiste de Revelliere que le pilla adelantado, la falta de cintura de Rami ante el quiebro de Iniesta que cede en profundidad para Jorge Alba. El lateral le gana en la carrera a Debouchy, centra a media altura y se produce el primer gol de de España. Alonso, de cabeza, es el autor. Y…no se habían cumplido los 20 minutos de partido.
La lata se abre por donde más le duele a los franceses. Por la banda derecha que tanto había hecho hincapié Laurent Blanc.
En las gradas, el calor y la humedad es asfixiante, y el campo se riega antes del match, pero no está como una mesa de billar. Está duro. Además, el desgaste físico de los dos equipos había sido intenso, pero el balón en todo momento, lo tiene España. El único disparo galo a los tres palos es a balón parado. Cabaye, con rosca, prueba fortuna. El balón iba a la cruceta de la derecha de Casillas, que despeja a córner. Poco o muy poco se prodiga Francia en el ataque, pero la recuperación corresponde a su rival. 

REACCIÓN TARDÍA
Siguiendo el guión del equipo croata, el técnico galo cambia su sistema de juego tras el descanso. Opta por una defensa “de cinco” que se desdoblan en el adelantamiento. Francia la ofensiva tras situar tres delanteros en territorio del adversario. La consecuencia de este estiramiento –como una goma que se alarga y se contrae– le da una dinámica distinta al encuentro, aunque el dominio continuara siendo español.
Es engañosa la defensa en línea y muy poblada, de acuerdo con el movimiento de los laterales (Clichy y Debouchy están muy activos en las bandas), pero no empezaría a funcionar a todo rendimiento hasta que se producen los cambios.
Cuando se cumple la hora del partido (como la selección croata). La entrada de Nasri-Menez y la incorporación de Giraud.
Automáticamente aumenta la presión y aunque se “rompe” el equipo en dos, con la subida de cuatro delanteros, fueron momentos de cierto agobio en la cobertura española, que demuestra su firmeza.
Es, precisamente en esos 15 o 20 minutos, en el que Francia se hace dueño del balón y del partido. Hace mayores combinaciones. Lo recupera con facilidad, por la presión de su última línea. Y aunque deja desierta la zona central son los momentos de gloria de la selección gala. Además, tiene la ocasión más clara del partido en la combinación Ribéry-Cabaye. La llegada de Cabaye como un obús y su sorprendente cabezazo a dos metros de distancia de la portería, que se va afuera de milagro.  
¿Pudo empatar? Desde luego que sí. Pero lo que no comprendemos al seleccionador galo. ¿Por qué no hizo los cambios en el descanso? ¿Por qué no puso a los mejores jugadores en el equipo? ¿Si tenía ya preparada la solución, por qué no arriesgó antes?
Por último, dos razonamientos. Nasri, Menez y Giraud no podían rendir a pleno rendimiento en los escasos minutos que jugaron. El problema de Laurent Blanc, pensamos, está en sus decisiones. Se preocupó más de lo que podía hacer el rival (en este caso España) en lugar de pensar en su propio equipo.

jueves, 21 de junio de 2012

US OPEN: “IL SORPASSO” DE SIMPSON-2

El único “superviviente” en un campo plagado de “minas”


La USGA –United States Golf Asociation– se le fue la mano. Sobre todo el grupo de greenkeepers que prepararon el campo de San Francisco. Aunque no sea una novedad, después de los buenos scores de la última edición-2011 que ganó el no-americano Rory McIlroy. Para nada nos sorprende. Si antes estrechaban los fairways para que no venciera Severiano Ballesteros, en esta ocasión parecía ya suficiente con las reformas y el alargamiento del Olympic Club que conocemos bastante bien.
El hoyo 1, por ejemplo, era un par-5 de 533 yds (487m); el 5th, un par 4 de 457 yardas (417m) y el 17th, un par-4 de 428 yds (391m). Al retrasar los tees de salida ha supuesto igualmente un disparate. Por ejemplo: 16th, medía la friolera de ¡¡¡613 metros!!!
(En caso de duda, preguntar a Jim Furyk o Ernie Els).
En este mismo campo vimos ganar a otro Simpson, Scott Simpson. Otro outsider, precisamente. Capturó el US Open por un solo golpe a Tom Watson, mientras que Severiano acabó tercero.
El final de fiesta –los tres últimos hoyos eran y siguen siendo, poco más o menos, el “túnel de los horrores”. La gran dificultad que siempre presentó este course (cruel, esta vez, por la USGA) ha sido el driver. Por los árboles gigantescos de 15 metros. Pocos son los golpes estratosféricos. En cualquier desliz la bola desaparece en el bosque (rough) y los problemas se multiplican. Los buenos jugadores buscan la precisión y no se atreven a superar los 300 metros de distancia.

Salida de Severiano Ballesteros, tee del 1, Olympic Club de San Francisco
Miguel Miró
El otro gran inconveniente es la recuperación. El jugador que piensa, de forma instantánea, en la recuperación tras un error… está perdido. El course te “hunde” más en la miseria. Por eso, no hay que pensar en ello. Simplemente se debe mantener la sangre fría y la paciencia del campeón. Sólo así puede llegar algún birdie.
Recordamos que el último día, Ballesteros desenfundó la madera nº1 y en el hoyo 11 del back-nine se plantó como líder. Las ramas de un árbol frenaron su ímpetu en los últimos hoyos y su juego arriesgado con su MacGregor encontró más adeptos entre los aficionados que por el resultado.
El campeón de Pedreña fue uno de los últimos en abandonar la madera-madera, igual que el escocés, Ken Brown que sorprendía siempre con su inconfundible putter de madera, toda una reliquia, en el circuito europeo. De los palos que ya no se fabrican. Una madera de percimon que abundaba en Virginia (Estados Unidos). Puede que no le suene el árbol, pero es un frutal y en España se llama caqui.
En el Olympic Club (1987) no hubo ningún ace, pero sí el record-64 del campo. “Un milagro!!!”–se llegó a decir. Autor: Keith Clearwater, nacido en Long Island, California. Unos parciales de 32-32, seis birdies y ni una mancha en la tarjeta. La otra gran novedad: el debut de José María Olazábal en el US Open Championship.
Los especialistas estadounidenses denominan este campo como el “cementerio de campeones”. Nunca ganan los favoritos.
¿A qué nadie esperaba la victoria de Webb Simpson, que se llama James Frederick Simpson Webb? (Sus padres, Samuel Simpson y Debbie Webb.)
Sabíamos de antemano que iba a ganar un jugador desde atrás, pero no le elegimos. Apostamos por el sueco Fredrik Jacobson que figuraba el domingo entre los cinco primeros y el español Sergio García, que cualquier día nos dará una alegría. No fue una corazonada, simplemente contamos la diferencia de golpes en el pelotón de la cabeza. Prácticamente… un pañuelo. La horquilla se abría (de 2 a 5 golpes) entre más de 20 jugadores.

SEGUNDA VICTORIA AMERICANA
Sin embargo, pocos fueron los que acertaron. Una grata sorpresa. Un nuevo nombre a la lista de ganadores de una de las cuatro pruebas del Grand Slam. Segunda victoria de un norteamericano, después de Bubba Watson (Masters) en la presente temporada. Y…no se “repite” ganador desde el US PGA Championship que capturó el norirlandés Padraig Harrington.
Pensamos poner este titular: Del “Dios, familia y trabajo” al “recé mucho en los últimos tres hoyos”. La primera frase corresponde a Scott Simpson, nada más sentarse en la Sala de Prensa, y la segunda, a Webb Simpson, que estudió Religión en la Universidad de Raleigh. Dos jugadores, dos outsiders, con distintas características en su forma de jugar, pero unidos al cristianismo. Ambos, para variar, tuvieron que sufrir en la Casa Club que acabaran los matches estelares.
De una forma u otra y después de disfrutar las cuatro vueltas, podríamos coincidir en algo en esta nueva historia del US Open Championship.
Los protagonistas que completaron los 72 hoyos del recorrido no parecían profesionales en el campo. La sensación ha sido otra. Se trataba de “supervivientes” aferrados en salvar el par para no “morir” en el intento. Algo insólito entre profesionales que, por lo general, buscan el birdie, eagle o albatros.
ÚLTIMO “SUPERVIVIENTE”
Ante la ansiedad o la desesperación siempre se recurre a la madre o a Dios, algo innato en el ser humano. En este caso, Webb Simpson recurrió a Dios. O tal vez recordó la célebre frase de Anthony Lema en el Masters de Augusta, camino del tee 11.
“Ahora –dijo Mr Champagne– hay que ponerse a rezar”. De esa frase, un sagaz periodista bautizó el famoso “Amén Corner” (hoyos 11, 12 y 13).
El “amén” del estadounidense –intuimos– lo pronunció por última vez en el hoyo 18 (72 del recorrido). Un par complicado que nos sorprendió a todos. En su salida se va al rough de la derecha. Su segundo golpe no alcanza el green. Su bola queda enterrada en un agujero, de las mismas dimensiones a una tapa de riego y con una mata de hierba larga por detrás. Un golpe difícil. Sin embargo, Webb Simpson ejecuta un chip prodigioso apuntando a bandera. La pelota bota y rueda hasta quedarse a 3 metros del hoyo. Un putt y 68, para un total de 281,+1. Contabiliza: 13 birdies, 46 pares, 12 bogeys y 1 doblebogey.
Si analizamos fríamente la victoria del estadounidense debemos centrarnos en su cabeza fría, su consistencia, su regularidad y su concentración. No es carismático, pero no lo necesita. Tampoco es un principiante. Sobre sus espaldas tiene una brillante carrera amateur. Líder y ganador de muchas batallas en la Universidad Wake Forest. Por equipos ganó la Walter Cup a los británicos en el Royal County Down y también la Arnold Palmer Cup. Dos victorias en el Mini-tour (Nationwide Tour), y consigue la tarjeta del US PGA Tour en su primer intento (2008). En la Qualifying School clasifica séptimo. Sus dos primeros años, en blanco, pero “explotó” el año pasado 2011. Dos victorias (captura el Wyndham Championship y el Deutsche Bank Championship) y acaba 2º en el Ranking PGA Tour, superado solo por el inglés Luke Donald (1º). La 112ª edición del US Open Championship supuso su quinta aparición en un torneo del Grand Slam.
Además, lo dejó bien claro en el course del Olympic Club de San Francisco. Su colección de golpes de oro con los hierros que parecen la prolongación de su brazo, mejoró el golpe largo (drive más recto) y dejó entrever que es una verdadera fiera en el green. Su putter semi-largo (Ping G5i Graz-EBI) funcionó como una máquina.

DIENTES DE LOBO
Lo mejor de Webb Simpson ha sido: “no cometer errores” en los momentos críticos y “tener diente de lobo” para atrapar las oportunidades que se le presentaron. La cadena de tres birdies seguidos –a partir del 6th, el más duro del campo–, par en el siguiente y su cuarto bajo par en el 10th.
¡¡¡Sin olvidar que tuvo seis greenes consecutivos a un putt!!!
Se le escaparon dos o más birdies en el momento más excepcional de su recorrido.
Tampoco tiene un lugar destacado en las estadísticas en los 72 hoyos.
Distancia drive: 255 metros de media.
Fairways: 31 de 56.
Greenes: 42 de 72.
Putts: 114. Un promedio de 1,58.
Bunkers: 5 de 12. 41,67%
Score average: (2012), 70,50

Tarjeta del campeón.
1 .-James Webb Simpson     Pos 8º +3 ///  72 73 68 68  281 +1  - campeón
R 4
HOYO
1
2
3
4
5
6
7
8
9
OUT
10
11
12
13
14
15
16
17
18
IN
TOT
YARDAS
520
428
247
438
498
489
288
200
449
3557
424
430
451
199
419
154
670
522
344
3613
7170
Par
4
4
3
4
4
4
4
3
4
34
4
4
4
3
4
3
5
5
4
36
70
Score
4
5
3
4
5
3
3
2
4
33
3
4
4
3
4
3
5
5
4
35
68
R 3
HOYO
1
2
3
4
5
6
7
8
9
OUT
10
11
12
13
14
15
16
17
18
IN
TOT
YARDAS
520
428
247
438
498
489
288
200
449
3557
424
430
451
199
419
154
670
522
344
3613
7170
Par
4
4
3
4
4
4
4
3
4
34
4
4
4
3
4
3
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36
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Score
3
4
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OUT
10
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14
15
16
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IN
TOT
YARDS
520
428
247
438
498
489
288
200
449
3557
424
430
451
199
419
154
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(continuará)