martes, 24 de julio de 2012

SCOTT: ¿QUIÉN APAGÓ LA LUZ?


“Revival” de Ernie Els o… “Big” lo hace simple y “Ease”

Suenan los tambores de guerra. Los jugadores se pintan –lucen sus chillones colores– y el “monster” se despierta después de tres días pegado a la almohada.
El viento hace acto de presencia y los puntos negros (bunkers) se multiplican por dos. No es una ilusión óptica. Es la pura realidad, los bunkers son como cantos de sirena y los jugadores cuando más se empeñan en no caer en la trampa… ¡ZAS! sucumben en las arenas del pecado.
El solemne The Open –como le llaman los británicos– o el mejor espectáculo del mundo vuelve a ofrecernos un “cocktail” se sensaciones increíbles en el campo de golf. El deporte más difícil del mundo y el que tiene más adeptos – practicantes– a lo largo y a lo ancho del mundo.
La ronda final, que completa los 72 hoyos, en el Royal Lytham & St Annes, nos recuerda, como siempre, algunos grandes momentos del golf. Las dos victorias de Severiano Ballesteros (1979 y 1988) y su última ronda de su primer “salmón”, donde sólo coge una calle y utiliza nueve veces el driver… Un course endabliado que corona a otros monstruos sagrados: Bobby Jones, Arthur “Bobby” Locke, el zurdo Bob Charles, Anthony Jacklin, el australiano Peter Thomson y David Duval que vuelve al escenario de su primer British (2001).
Ayer y hoy aparece, en el fin de fiesta, la electricidad que solo produce cortocircuitos que parecen fuegos artificiales. Y la tensión y los nervios que viven o malviven los jugadores.
Algunos, tal vez los menos expertos, hablan de “robo” y otros de “drama”.
Puede que lo hagan para llamar la atención con los titulares, pero la historia del golf está lleno de historia de dramas y glorias.

Miguel Miró
Es verdad, Adam Scott juega de “cine” las tres primeras vueltas, pero se le apaga la luz y comete errores imperdonables en la ronda final del British.
a) Le sucede lo mismo, o parecido, que a su compatriota Greg Norman que tiene el “record” de derrotas en los torneos del Grand Slam.
b) Tenía un colchón de cuatro goles y desaparece su gran juego agresivo a bandera.
c) No sabe jugar a la defensiva, no sabe amarrar.
d) Es normal que sus rivales desenfunden el driver para intentar un mejor resultado, pero Scott se equivoca en el back-nine al usar el driver en el momento que afloran los nervios.
e) No se trata de justificar lo injustificable, Adam Scott pierde el campeonato por sus propios errores y él lo sabe mejor que nadie.
Al reverso de la moneda está Ernie Els, sin la presión del match estelar, que todo lo hace fácil. En el back-nine falla dos putts de dos metros para llegar a ocho bajo par, su drive se le abre (slice) en el 16 y entierra su último birdie en el 72. Es cierto, parece convencido de ser “segundo”, pero lo primero que hace es acudir al putting green a practicar el putt, por si se surge un play-off. En el golf todo es posible.
Pero no se le puede quitar ningún mérito a Big Ease. Realiza una gran actuación en el campeonato y se muestra super consistente y sólido en la vuelta final.
En el golf se pueden discutir muchas cosas, pero decir que gana de chiripa o que Scott se lo regala es mucho decir. Entre las circunstancias y los errores, que también influyen, Ernie Els es el legítimo ganador del British Open. En el campo sabe negociar las salidas y los greenes, pero los hierros y sus approaches son im-pre-sio-nan-tes.
Pisa de puntillas los “volcanes” (205 trampas-negras) para no despertar al “monster” y su última vuelta nos da una lección de cómo se debe jugar al golf en un course lleno de minas.

LAS CÁBALAS
El anuncio de un fuerte viento en St Annes para la cuarta jornada y la impronta del norirlandés Graeme McDowell (“el campo se va a poner injugable”) ya se presentía que las dificultades del course serían mayores.
Esta circunstancia suele aumentar el abanico de posibilidades y no hay que fijarse únicamente en el pelotón de cabeza donde figuran siete jugadores… sino también en los que están bajo par (17). En una palabra, que algunos se pueden descolgar y otros rezagados podrían dar un brinco en la clasificación si consiguen un magnífico resultado.
Los profesionales hacen cálculos, igual que los especialistas. Pongamos un ejemplo: Bubba Watson, que en la tercera ronda hizo 5 birdies en 10 hoyos y parecía que se salía. Se coloca en el scoreboard (pizarra) con -5 a falta de cinco hoyos. El estadounidense (campeón del Masters) pinchó en los dos siguientes hoyos.
Bubba sale del tee 1 con dos bajo par, pero sabe de antemano que un 64 podría suponerle un salto mortal (-8) o un 66 (-6) en la clasificación en la última ronda.
El golf no es como el tenis, que uno de los dos finalistas sabe va a ganar y el otro, queda segundo. El golf tiene sorpresas de todo tipo. ¿Por qué elegimos a Bubba? Es un “bomber” (gran pegador) en un campo que castiga el driver que no vaya recto y el viento obliga a asegurar. Asimismo para explicar que Ernie Els sale en el quinto lugar en la clasificación y figura entre los favoritos. El sudafricano está presente en las apuestas.
Del mismo modo Big Ease estuvo muy cerca de ganar su tercer título en el US Open (Olympic Club, San Francisco) el mes próximo pasado. Un eagle en el hoyo 7 le puso a un golpe de Jim Furyk. En el back-nine se mantuvo durante cuatro hoyos (12 al 15) en la tercera posición detrás de Furyk y Webb Simpson los co-líderes. Ernie Els se topa entonces con el rough del 16 (hoyo 70 del campeonato) y su endiablado green. Un pinchazo que le hace perder todas las esperanzas.
Si evaluamos su actuación de junio, realmente espectacular, ¿de qué estamos hablando? ¿La sorpresa de su triunfo en el British Open? El sudafricano no es un runner-up. Ha ganado dos US-Open (1994-1997) y el British (2002), el TPC y 62 torneos en todo el mundo… Igualmente, desde 2011 está presente en Hall of Fame del golf mundial.

Ernie Els en los vesturrios del St Annes. Foto: R&A

ACTITUD, JUEGO SÓLIDO Y CARISMA
El swing de Ernie Els no es mecánico, sino personal. Muy personal y fácil. Está hecho a su medida (1,91 m) y lo que más busca son sensaciones. Lo ajusta, le pone aceite y limpia su carburador la primera semana de enero de este año, junto al coach Sheryll Calder en su tierra natal.
Es líder en el Transitions Open (US PGA Tour), pero pierde su liderato y el trofeo en los últimos hoyos (R4). No puede jugar el Masters (RW 58). Sin embargo, se reencuentra en el US Open.
“Nunca olvidaré el bogey en el hoyo 16 en el green”, dijo, cuando estaba muy cerca de la gloria.
Gana el British Open 2012 al reencontrarse consigo mismo –el que tiene, retiene– y por su juego. Un juego sólido y consistente. Por sus recursos y también por su enorme talento en el manejo de los hierros (fundamental en Lyntham).
Coge 35 calles en el campeonato (62,5%), 57 greenes (79,2%) y apunta 114 putts (1,69). Su drive alcanza un promedio de 280 metros, pero supera los 292 metros en los par 5 y el hoyo 18. No tropieza en los ocho par 5 del campo, pero tampoco se pasa. Tres birdies y cinco pares (-3). Con tiento pasa los 12 par 3, donde pierde tres golpes: 1 birdie (el del 12th, último día), 3 bogyes y 12 pares.
…Y doblega los 48 par 4, arrancando cuatro golpes (-4), con 12 birdies y 8 bogeys y 28 pares. Pero eso sí, repite par en cinco hoyos (1th, 187m / 3th, 427m / 4th, 358m / 13th, 325m y 15th, 422m). Precisamente, debemos recalcar, el par 4 de 422 metros del 15th, el más difícil del campo.
La clave de su victoria está en la regularidad y acierto del back-nine (últimos nueve hoyos), donde consigue 10 birdies y 3 bogeys (-7), mientras que en el front-nine hace tablas (Par), con 6 birdies y 6 bogeys.
El total de Ernest Theodoro Els (Big Ease) es de 16 birdies, 9 bogeys y 45 pares. Nunca se pasa del par en sus cuatro tarjetas.

Ernie Els (SA)  217 -7  (67 70 68 68)
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¿POR QUÉ PIERDE ADAM SCOTT?
Sería muy fácil decir que el australiano pierde… por sus cuatro bogeys consecutivos en los últimos cuatro hoyos, pero no. Es por su actitud, su forma de afrontar su ventaja. Su colchón. Su golf –como Norman– siempre ha sido agresivo. Lo demuestra en las tres primeras jornadas.
¿Se olvida del enfado de Jim Furyk, en el US Open 2012, líder (13th) y co-lider hasta el 16th…porque no hace ningún birdie-putt en la última vuelta?
¿Se olvida de lo que le ocurrió a Louis Oosthuizen por “amarrar” ante Bubba Watson en el Masters de Augusta 2012?
El último día muchos approaches, por no decir la mayoría, Scott apuntó al centro del green. Suele hacerse, sí, cuando hay dudas pero nunca por norma. Además, Adam Scott pierde seis chances claras de birdie. Y lo más increíble, la línea es la correcta aunque se queda siempre corto. Su putter o su cabeza le jugaron una mala pasada en el verde, donde se ganan los torneos.
En 13 hoyos un raquítico birdie, tres despistes (3 bogeys) y no ataca bien los par 5 (5-5 en el 7th y 11th). Mantenía su liderato (-9) pero faltaban cinco hoyos. Entre ellos el 15th, par 4 de 422 metros y el 17th, par 4 de 414 metros, los más difíciles del campo.
Su birdie (segundo y último) en el 14th es la antesala del “disaster” (desastre) con 10 bajo par -¿no lo pudo ver en su compañero de match, que cuando veía la luz en un golpe, el course le abofeteaba en el siguiente?– ahí comete, tal vez, una gran torpeza al pensar que ya tenía ganado el British.
Se olvida que no es un campeonato cualquiera.
Se envalentona y ataca con el driver el 15th y ¡ZAS! visita el mismo bunker de la izquierda: igual que Tiger Woods. No logra salir de la arena y bogey.
En el siguiente (16th) ya los nervios están a flor de piel. Se pasa nueve metros en el approach (wedge) y falla un putt de ¡90 cm! con corbata incluida.
Continúa la cadena de errores en el penúltimo hoyo (71 de campeonato). Se pasa de green en su segundo golpe (hierro 6) y visita el espeso rough. Tercer bogey consecutivo (-7 en campeonato).
Se equivoca de palo–madera 3 en el último agujero (precisamente cuando tenía que desenfundar el driver). Total, al bunker de la izquierda. Tiene un putt cuesta arriba para par de 2,5m. Es su última oportunidad para igualar a Ernie Els y jugar el play-off.  Se confirma su fracaso, su derrota y su sueño. Firma 75, cinco sobre par, para un total de 218 -6.



SUBIDÓN Y BAJÓN
El único consuelo que le queda a Adam Scott: sufre en cuatro hoyos, mientras sus contrincantes-candidatos al título –excepto Els– sufren los 18 hoyos. El australiano se une al grupo de los “disasters” más sonados en el Grand Slam. Gregory Norman, Sergio García, Jean van de Velde, Scott Hoch, Phillip Mickelson, Ed Snead y Arnold Palmer.
Tres tarjetas impecables a la basura de la historia. Un trabajo extraordinario tirado al garete por un aciago, triste y negro domingo de julio. Una jornada de fiesta con un triste final para Adam Scott (8º Masters y 15º US Open). De nada sirve que iguale el record-64 del campo de Royal Lyntham & St. Annes.
Según nuestras notas, en la última jornada el australiano coge 16 greenes y solamente 8 fairways y necesita 29 putts. Hace 2 birdies, 7 bogeys y 9 pares para 75 golpes, cinco sobre par. Lo que más sorprende es el bajón en su drive, con un promedio de ¡260! de distancia.
Sin embargo, vayamos al cómputo general de las cuatro vueltas.
Total: 218 golpes, seis bajo par. Hace 16 birdies, 11 bogeys y 44 pares. Necesita 113 putts y acierta 39 calles de 56 (69,6%), mientras que coge 39 de 56 greenes (69,6%) durante el recorrido.
Es impresionante su efectividad en los par 5, en los que arranca 6 golpes (-6). Seis birdies y dos pares (último día). Efectivo en los par 3 (Par), 1 birdie, un bogey y 14 pares. Por último, en los par 4 también los sella con un par, con un total de 10 birdies, 10 bogeys y 28 pares.
Si analizamos los bucles de 9 hoyos, su mejor actuación es el back-nine (últimos nueve, a pesar de sus cuatro bogeys consecutivos del final). Le arranca 4 golpes (-4) y marca 10 birdies y 6 bogeys. Al principio (front), tan sólo 2 golpes (-2), anotando 7 birdies y 5 bogeys.
Dos grandes detalles definen la baja producción del domingo que corroboran nuestra opinión. Su bajón con el drive (madera 3, desenfunda la madera 1 en los par 5 y después al promediar el back-nine y erróneamente vuelve a la madera 3 en el 18th). Muy por debajo de las primeras jornadas, cuyo promedio (294 metros) es mayor superando los 300 metros en algunos hoyos.
El otro detalle, igualmente, supone un bajón en el green durante los últimos 36 hoyos, en los que necesita 29-29 putts. ¿Perdía confianza con el putter? Es posible, aunque sus líneas siempre fueron perfectas sólo le faltó una mayor velocidad a la bola. Las últimas dos vueltas desperdicia muchas oportunidades… al quedarse corto del hoyo. Y conste que hablamos de centímetros o una palma, para que ser más objetivo.

Adam Scott 218 -6  (64 67 68 75)
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martes, 17 de julio de 2012

RORY, ¿UN RELÁMPAGO FUGAZ?


A propósito “Rock&McIlroll” y …María del Carmen Navarro

La música, dicen algunos especialistas, conecta con la historia. Entonces por regla de tres se puede mezclar el Country Western con el Rock n´ Roll, si se nos permite. Jimmy Rodgers y Johnny Cash con Elvis Presley y Jerry Lee Lewis. Solamente hacemos una sugerencia. Quienes conocen un poco la historia de la música ligera, todo es posible. ¿O no?
Puede que cualquiera, sin venir a cuento, saltara como un resorte y resoplara un rotundo ¡NOOoo! Y quizá, por educación, omitiera que estábamos realmente chiflados.
--En primer lugar, no son del mismo género, dijo levantando la voz.
Y los vocalistas tampoco...
--Tampoco, son distintas generaciones y distintos estilos.
Lo de las generaciones está bien, lo aceptamos. Sin embargo, estimado amigo, tenemos entendido que Elvis Presley y Jerry Lee Lewis saltaron a la fama cantando baladas Country en la década de los cincuenta. Y las canciones estaban escritas por autores de Country, las mismas que cantaban Jimmie Rodgers (en su época) y Johnny Cash.
--Puede ser, pero no es lo mismo.
¿Y por qué no es lo mismo?
--Nada tienen que ver el country y el rock n´roll. Está mezclándolo todo.
También podría ser un género “mestizo”, como el Country-Rock o Rockabilly. Esta última definición tiene sentido. En los años veinte al Country se le llamaba “Hillbilly”.
--Me parece que me está vacilando…
De ninguna manera, amigo. Le estoy contando la historia del Country y sus derivaciones. Tal como se bailaba y se baila, además, ha sido una réplica del folk irlandés que llevaron los inmigrantes a Estados Unidos de América.
Nuestro amigo se revuelve en el asiento, se levanta…Nos acusa de que no sabemos nada de música y que no tenemos ni la más remota idea.
--¡Cómo se puede mezclar cantantes sagrados, de distintas generaciones y música tan dispares como el Country y el Rock n´Roll!
--¿Reaccionaría algunos de ustedes igual que este señor?
Y un eco desolador (“Y yo” “Y yo” “Y yo” “Y yo” “Y yo”…)  retumba en el pub.
Vamos a suponer que todo sea un cuento de hadas, que no lo es.
Sin embargo,  alguien nos podría explicar…
¿Por qué se ha mezclado la música sagrada de Jack Nicklaus, la sinfonía de Seve Ballesteros, el blues de Tiger Woods, el violín de Sam Snead o la sonata de Gary Player con el novel campeón del US Open Championship 2011?
Solamente es una sugerencia.


Por Miguel Miró
Y… después dicen que “los milagros no existen”.
El milagro de la vida.
El milagro de la Naturaleza.
Sí; el milagro de un “kid” que ganó el US Open Championship.
Los milagros existen.
Estamos de acuerdo en su progresión British Open, 3º; US PGA, 3º; Masters, 15º–  pero todavía nos falta una mayor perspectiva. ¿Ha sido un relámpago fugaz? Aunque muchos hayan lanzado las campanas al vuelo. Aunque McIlroy sigue soñando despierto, el tiempo será quien determine si entramos o no en una Nueva Era. Lo que en el deporte se suele llamar un nuevo ciclo generacional.
El golf puede ser eterno, pero la vida, no.
La victoria de Rory McIlroy ha sido un “revulsivo” para el golf. Es cierto. Una explosión deportiva y sociológica.

EXPLOSIÓN DEPORTIVA
McIlroy se ha ganado a pulso el US Open. Por su juego y un swing construido a su medida en los últimos dos años. Una demostración de confianza-actitud-carácter y desparpajo en cada uno de sus golpes. La solidez de su golf y también por la importancia del campeonato.
Otra cuestión es la especulación o la visión futurible –que puede ser o no– que se produjo. La estruendosa música celestial que ha sonado en su entorno y en el golf mundial. Algo tan sonrojante como la presentación de los chicos de Liverpool en su momento. “Fuera Bach, fuera Beethoven, fuera Mozart… aquí están: The Beatles.
Más que nada porque, dos años antes The Beatles se habían presentado en la Plaza de Toros de “Las Arenas” de Barcelona y había supuesto un fiasco total de público y un debacle económico. Después, sí, a pesar que el director Richard Lexter intentó “ridiculizarlos” en una película inverosímil que los hizo crecer como la espuma de la cerveza.
La explosión de McIlroy debería ser más comedida. Sin olvidar el punto mágico y el éxtasis de su golf. Pensamos que no debemos adelantarnos a los acontecimientos. Dejemos que sea Rory quien nos demuestre su valía y su camino en su carrera deportiva. Sin necesidad de hacer comparaciones con otros “monstruos sagrados” del golf mundial.  


EXPLOSIÓN SOCIOLÓGICA
Su alegría. Su manera de ser. Tan accesible. El abrazo con su padre, Gerry, en el campo. Un canto a la familia, algo tan “sagrado” en Estados Unidos y el Reino Unido. Y su imagen, tan pequeña, frágil, ante rivales de más talla, más envergadura y mayor experiencia. Suele ser normal y no es casual. Si antes se había ganado a los aficionados al golf europeos mayores de 45 años (que son mayoría entre los 100 millones de golfistas en el mundo), en el course azul del Congressional G&CC de Washington se ganó igualmente a los norteamericanos.
No es un síndrome, ni tampoco un contagio. Se trata de una reacción normal.
Ahora mismo, Rory McIlroy tiene muchos padres, tíos, abuelos políticos o postizos por todo el ancho y largo mundo.

PIN VALLEY Por norma, los europeos juegan en el US PGA Tour los torneos previos a un campeonato del Grand Slam. Sin embargo, Rory McIlroy siguió los consejos de su “gurú”. Se entrenó en Pine Valley, New Jersey, el mejor campo de golf de Estados Unidos. Con una puntuación de 95,75 de 100. Un course complicado y muy penalizado. Este detalle resulta muy interesante, porque el norilandés llegó al Congressional G&CC (59 en el ranking), “curado de espanto”.

LA CLAVE Tan sólo en la tercera ronda se mostró contrariado. Quizá por eso, no guardó la bola en el bolsillo en el par-5 del hoyo 6. La llevó apretada en su mano izquierda. Fue instintivo. Momentáneo. Como un talismán de la suerte.
Hasta el hoyo 9, no pudo controlar recto su drive pero sí su distancia. Solo tres fairways, pero una regularidad asombrosa en el disparo a green.
Aceitó su máquina-swing en el tee del 9. Una espera que le benefició para calmar sus impulsos. Su segundo birdie del segundo par-5 le devolvió la tranquilidad (-13). Una tranquilidad íntima, después del  “susto” –sí, susto- en el segundo golpe del 6. Un despiste que le hubiese costado caro, muy caro. El tiro iba corto con peligro de que la bola se zambullera en el agua. Sin embargo, un efecto extraño hizo que pegara en una roca de la entrada a green, y cambiara de dirección.
Se demostraría después, todo le saldría redondo. Como si estuviera programado de antemano.  

RECORDS
Se resalta, tal vez demasiado los records. Algo que en el golf hay cientos de historias. Falla, muchas veces la memoria y se le compara con Jack o Tiger o cualquier “monstruo sagrado”, sin tener en cuenta las circunstancias, las generaciones y la máquina del tiempo.
Sobre todo en este deporte inventado, según dicen, por el diablo.

1990.- José María Olazábal, por ejemplo, “reventó” el Firestone Course con record-61-128-195-262 en cada una de las cuatro vueltas. En el NEC World Series of Golf, disputado en Akron, el mismo torneo que daría pie a los cuatro WGC actuales.

Volvamos a la tierra. El presente ¿tiene un nombre propio? Puede ser Rory McIlroy. Pero, por favor, no hay motivo de comparaciones. Rory McIlroy es… simplemente Rory McIlroy. Un “kid” que cuatro años después de pasarse al profesionalismo “rompe” con su primera victoria en un campeonato del Grand Slam. Una conquista que le engrandece y le ha puesto en órbita.
El segundo campeonato más añejo del mundo, 111 US Open. El norirlandés de 22 años fue tres veces “one” que puede ser –o no– un nuevo ciclo en el deporte del golf. Su victoria ha sido apoteósica, de principio a fin (wire to wire) que se agotaron los adjetivos para él.
Lo que podríamos llamar el nuevo resurgimiento del “Rock and McIlroll”. 

Records US Open Championship 2011
Rory McIlroy batió record 72 hoyos, 268 (65-66-68-69)
El registro correspondía a cuatro jugadores. Jack Nicklaus 272 (63-71-70-68), Baltusrol, 1980; Lee Janzen 272 (67-67-69-69), Baltusrol, 1993; T. Woods 272 (65-69-71-67), Pebble Beach, 2000; Jim Furyk 272 (67-66-67-72), Olympia Fields, 2003
Batió record -16 golpes
-12 Tiger Woods (R4), Pebble Beach 2000; -12 Gil Morgan (R3), Pebble Beach 1992.
Batió record 54 hoyos: 199 (65-66-68).
200 Jim Furyk (67-66-67), Olympia Fields 2003.
Batió record: 36 hoyos: 131 (65-66).
132 Ricky Barnes (67-65), Bethpage Black 2009.

US Open Championship
(ganadores más jóvenes)
1.- Jimmy McDermott [1911]   --19 años, 10 meses, 14 días
2.- F. Ouimet [1913]                  --20 años, 4 meses, 12 días
3.- Gene Sarazen [1922]          --20 años, 4 meses, 18 días
4.- Jimmy McDermott [1912]  --20 años, 11 meses, 25 días
5.- W. Anderson [1901]            --21 años, 1 mes, 14 días
6.- H. Rowlins [1895]                --21 años, 1 mes, 30 días
7.- B. Jones     [1923]                --21 años, 3 meses, 28 días
8.- Walter Hagen [1914]          --21 años, 8 meses
9.- Rory McIlroy [2011]            --22 años, 1 mes, 14 días



LA MÚSICA DE MARI CARMEN NAVARRO
Puede que algunos lo encuentren irrelevante, pero el swing de Rory McIlroy tiene un parecido (¿o no?) a un swing que habíamos visto antes.
¿Se acuerdan de “robotito”?
Ese era el mote que le pusieron sus compañeras –todas mayores ellas– a María del Carmen Navarro en los años ochenta. Un prodigio que rompió todos los moldes, y como siempre pasa en España, la descubrieron las estrellas francesas en un Campeonato de Europa Amateur.
Una niña, de 13 años, que fue siempre un espectáculo verla jugar. Madrileña, aunque valenciana de adopción, dejó una huella imborrable. Devoró todos los campeonatos nacionales y consiguió, junto a María Orueta y Macarena Campomanes, el primer título mundial por equipos en la historia del deporte en España.
Todavía, seguramente, Laura Davis se recordará de aquella niña prodigio, que le derrotó en el campo de El Saler durante el Europeo Amateur. Precisamente cuando la británica sobresalía como auténtica estrella y llegaba de dos a los par-4, por su potencia y envergadura.
¿Por qué recordamos a María del Carmen Navarro?
Por el swing de McIlroy y por la forma de caminar y comportarse en el campo. La española ensayaba poco o nada en los tees de salida. Sus drives los pegaba a la primera. Una enseñanza que aprendió de su padre, el profesional Juan Navarro, que le hacía entrenar seis horas al día.
Consiguió un swing repetitivo y elegante. Hecho a la medida, acorde a su estatura y a su edad. Además, siempre ha sido una auténtica fiera en el verde, en sus barbas y en la arena. Algo tan importante en el golf como no perder los nervios y ser lo más frío  y lo más humilde posible.
Pueden creerlo o no, pero siempre que vemos jugar a Rory McIlroy nos recuerda a Maricarmen Navarro. No lo podemos evitar.